–Máxima Incárcero-grito la misma voz, antes de que los niños se volvieran. De su varita salio un sinfín de cuerdas, directamente hacia ellos. Ara, Liuva, Lorcan y Jacob fueron expulsados mas allá del espejo, llegando a las faldas de la tarima.-Wingardium Leviosa-Lorcan y sus amigos estaban mareados. No podían ver nada, y lo único que percibían era varios cuerpos entrando a la habitación, con capuchas negras, y otros -extrañamente- entraban volando.

A los pocos segundos de estar atrapados en una red de cuerdas, y estar inconcientes, Lorcan abrió los ojos. La habitación, aunque era como un Palacio brillante, ahora estaba oscuro. No había claridad ni armonía, y no había reflejos ni luces. Ahora era plena oscuridad, y un sentimiento de maldad. Varia gente entraba, y otras hablaban y reían. Liuva estaba junto a el, y tenia su varita en mano, y sus ojos cerrados. Lorcan sentía que le faltaba el aire, ya que las cuerdas le apretaban.

–Sácanos de aquí…-grito Ara. Sonaba que también le faltaba el aire.
–Calla tu sucia boca, pequeña Black-decía una voz chillona, y malvada.
–Usa la cabeza, Bella, ¿no ves que es una pequeña descendiente tuya?-decía otra voz mas sombría.
–Dejen de discutir ustedes dos… ¿No ven que atormentan a la pequeña carnada?-decía otra voz irreconocible.
–Lorcan…-le decía una voz cercana a el. Liuva abrió los ojos.-Necesitamos salir de acá…-le decía en susurros.-…pero no se que hacer…
–Al contar a tres…-decía Lorcan, que intentaba sacar su varita del bolsillo.
–Solo inténtalo, maldito…-gritaba la voz chillona de antes.
–¿Qué me vas a hacer? Eres un maldito fantasma…
–…quemamos estas cuerdas-dijo Lorcan, que ya tenia su varita en alto.-1… 2… ¡…3…! INCENDIO-gritaron los dos niños juntos, y una llamarada empezó a salir de sus varitas.
–Aguamenti-grito Ara, y un chorro de agua salio volando al techo, y bajo directamente donde estaban Lorcan y Liuva, dejando un hueco en la red.
–¿De donde aprendiste eso?-le pregunto Jacob.
–Mi tía lo usaba cuando se le empezaba a quemar la cocina… Muy útil cocinar con ella, después de todo.

Los cuatro niños salieron de la red, con la varita en alto. Lo que vieron fue muy terrible: habían al menos 5 encapuchados, con unas mascaras terroríficas, los cuales eran mortifagos del antiguo Señor Oscuro. Había varios cuerpos en el suelo, los cuales Lorcan identifico como Albus y Rodmiro. Y algo aun más extraño: habían al menos 10 fantasmas volando por toda la habitación, pero un solo fantasma fue el que mas impacto a Lorcan. Era alto, flaco, y tenia un rostro como de serpiente, blanco y demacrado, y unos ojos como de rendija, terroríficos. El cuerpo de Lord Voldemort en forma de fantasma estaba postrado arriba de sus cabezas, junto a una señora, la cual identifico Lorcan como la voz chillona que sonaba.

–Muy bien, Lorcan Lovegood… Tus refuerzos no pudieron detener a nuestro ejército de Mortifagos. Muy ingenioso, pero no te funciono…-decía la voz ronca que habían oído minutos antes.
–Sabia que ibas a estar acá, Lepus…-dijo Lorcan, que se hacia para atrás, y volvía a ver a la tarima. Sus amigos los siguieron, y se postraron en el centro de la habitación, junto al espejo. Inmediatamente, los mortifagos los rodearon.-No dudaba que ya sabias, pero pensaba que serias un poco… como decirlo… rápido.
–Cállate Lovegood. Al fin y al cabo, cumplí mi cometido… Y no era broma lo que mi padre quiso decirme…Aunque no pudo estar presente para ver como el Heredero de Ravenclaw se va al mismo camino que su antepasada.
–¿Dónde esta tu padre?-pregunto Lorcan, con duda.
–Veras que tus profesores son muy molestos… pero están controlados…
–Hay algo que no entiendo… ¿Cómo rayos esta ese hombre acá?-pregunto Lorcan, señalando a Lord Voldemort.-¿Y como rayos estas tu aquí?
–Sabía que ibas a preguntar eso tarde o temprano… Creí que eras ingenuo, Lorcan… eres descendiente de la más inteligente del Mundo Mágico… o la que era más inteligente…
–Veras, “Heredero de Ravenclaw”-decía Bellatrix Lestrange, que volaba por toda la habitación.-No quiero darte explicaciones de nada, pero quiero que entiendas de una vez por todas de que mi nieto es mas astuto que tu. Años atrás…-contaba Bellatrix, que de vez en cuando se reía sola.-tuve un hijo… el cual vivió por mucho tiempo en un orfanato, ya que el no podría ir a la cárcel junto a nosotros… Creció, y se convirtió en una gran persona, y tuvo un hijo. Muchos de los planes que teníamos, yo se los comentaba a Christian, pero nadie sabia quien era su madre. Rodolphus también le hablaba, y le contaba de todo… era como el hijo que nunca tuvo.
–Nada de eso me explica porque rayos hay fantasmas acá… ¿no crees?-decía Lorcan, que empezaba a estresarse.
–Mi papa, después del descenso del señor Oscuro, nunca se rindió. Aunque todos dejaron de ser mortifagos, Christian, junto con mi abuelo Rodolphus, seguían intentando terminar lo que él quiso, pero un día, le mando un Legeremens a Potter…-decia Lepus.
–Es para leer mentes…-le dijo Liuva en susurro a Lorcan.
–Y extrañamente leyó una historia extraña, que hasta ese día era solo un mito para el: La Historia de los Tres Hermanos, y las Reliquias de la Muerte… Todo fue una luz para mi abuelo y mi padre. Los sonidos que oyeron Yaxley y Dolohov… debió de ser Potter con la capa… y la piedra… la bendita Piedra de Resurrección.
–¿La Piedra de Resurrección?-preguntaba Liuva, desconcertada.
–Una piedra que revive a la gente… Mi padre me dijo que la buscara en Hogwarts, por el Bosque Prohibido… sabia que Potter la había escondido ahí, y tendría que encontrarla, ya que necesitábamos a Bella para poder hacer lo que el Señor Oscuro nunca pudo…
–Dominar el mundo mágico…-se dijo así mismo Lorcan.-Eso era lo que hacías cuando estabas en el Bosque Prohibido… un poder que él nunca tuvo…
–Después del castigo, volví al Bosque Prohibido, y después de muchas noches metido en ese oscuro bosque, y después de ser atacado por miles de animales asquerosos… la encontré…
–Sabia que planeaba algo, pero no con exactitud que era…-decía Lorcan, y Liuva estaba llena de furia.
–Fue un muy buen plan… pero aun no entiendo que es lo que buscan…-decía Liuva.
–Cuando Harry Potter estaba en su quinto año de Hogwarts…-empezaba a hablar Lord Voldemort-se decía que yo y mi ejercito buscábamos un arma… lo que estabamos buscando era el arma que esta en esta habitación… pero en aquellos días nunca encontramos al maldito Heredero… asi que nos concentramos en la profecia…
–Ese era el plan que tenían… encontrar dicha arma y poder hacer lo que el nunca pudo…-concluyo Ara.
–Dime algo que no este oyendo…-le dijo Jacob en tono de burla, pero Ara lo ignoro.
–Un poder que el nunca tuvo… tiene sentido… ¿Qué arma es esa? Debe de ser algo muy poderoso… algo que supere el poder que tuvo Merlín, y del que tuvo el profesor Dumbledore…-decía Liuva.
–Algo más poderoso que nosotros mismos…-decía Lepus, y se agacho. Se volvió a poner de pie, y tenia en sus manos una varita. Se veía liviana, pero tenia una serie de pelos azules, y brillaba mucho.-La varita de Rowena Ravenclaw… en esta varita se encierra todo el poder y toda la magia de tal maravillosa maga… esta varita, en un segundo puede matar miles de personas, y con esto lograremos llegar a la cumbre del Mundo Mágico… y hacer nuestro propio mundo…
–¿Nuestro?-pregunto Jacob.
–Mío y de los mortifagos… y por supuesto de mi señor y mi abuela… Será… exquisito… y creo que esta vez no hay nada que pueda evitarlo… y mucho menos el Heredero de Ravenclaw…
–Mátalo… mátalo ya-gritaba uno de los mortifagos. Habían al menos 10 mortifago rodeándolos, y con las varitas en alto. Los únicos niños que había eran ellos cuatro.
–Mátalo, hijo… si el esta vivo, el plan desfallece… tienes que deshacerte de el cuanto antes… mátalo ya.-decía la voz sombría de Lord Voldemort. Bellatrix empezaba a reírse, y a volar por toda la habitación.
–Eso haré…-dijo Lepus, y señalo a Lorcan con su varita.

Lorcan se volvió, y vio al espejo que le había indicado que en la tarima había algo. A Lorcan no le quedaba claro porque el espejo le indico donde estaba dicha varita, pero ahora mostraba algo aun mejor. Se veía a si mismo, pero tenia alguien al frente. Rowena Ravenclaw estaba protegiéndolo, y sonriéndole. Era extraño, ya que lo que más deseaba Locan en esos momentos era protección…

–Hazme lo que quieras… al fin y al cabo, no podrás hacerme nada…-decía Lorcan, sonriendo.
–Vamos a ver…-dijo Lepus.-Avada Kedavra-grito el niño de tan solo 11 años. Un rayo de luz verde salio de la varita de Rowena Ravenclaw, directo a Lorcan. Liuva lo miro con espanto, y empezó a llorar. Ara y Jacob empezaron a gritar, pero Lorcan solo sonreía. Antes de que el hechizo pegara en Lorcan, este ceso.
–Como cabe en tu cabeza que mi propia varita me iría a atacar… Soy el verdadero Heredero de Ravenclaw…-decía Lorcan, riendo, mientras que Lepus se le quedaba viendo con cara de asombro.
–Expelliarmus-sonó una voz de detrás de Lorcan, proveniente de la puerta de aquella habitación, y pego directamente a la mano de Lepus, y la varita salio volando. Todos los mortifagos estaban paralizados, y no sabían que ocurría.
–Accio varita de Rowena-grito Lorcan, y la varita salio volando, y se postro en las manos de Lorcan.

La batalla apenas empezaba.

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