El frío se intensifico aun más. Lorcan estaba paralizado, viendo fijamente a Liuva, que tenía los ojos más grandes que nunca. Su cabello había cambiado a un azul oscuro. Lorcan no lo podía creer. No estaba seguro si era lo que el pensaba, pero estaba seguro de que nada estaba bien. El hijo de Helena Ravenclaw… el descendiente de Rowena… llevaba el mismo apellido del que su abuelo tenía… Lovegood…

–Lepus ya lo sabe… Se que el sabe…-fue lo primero que dijo Lorcan después de esto.
–¿Te acabas de dar cuenta de que estamos a un milímetro de encontrar al Heredero de Ravenclaw, y tu te preocupas por Lepus Lestrange?-le grito Liuva.
–Ya lo se, Liuva, pero es que no entiendes. Si Lepus lo sabe, y si se dio cuenta el día de ayer…
–¿Pero como saben quien es el Heredero?-pregunto el Barón Sanguinario.
–Debe de ser… mi madre…-dijo Lorcan, confundido.
–O puedes ser tu, Lorcan…-le dijo Liuva, que ya se estaba hartando.
–Tu que sabes, ya que Lysander también lleva mi apellido y mi sangre… Mi familia corre peligro…
–Deben de apurarse… esta no es como cualquier noche…-dijo el Barón Sanguinario, y se fue traspasando las paredes.

Liuva y Lorcan emprendieron su camino hacia la torre de Ravenclaw. Iban corriendo lo más rápido que podían. Los murmullos del Gran Salón se aumentaban aun más. Lo primero que pensaron fue que apenas estaban cenando, pero ya era muy tarde.

–Debemos de ir donde el director a decirle…-dijo Lorcan.
–Dirijámonos al Gran Salón… me temo que nada esta bien…-dijo Liuva.

Al llegar al Gran Salón, todas las mesas estaban puestas a los lados, y todo el Colegio estaba en aquel lugar. Mucha gente, muerta de frío, algunos lloraban, y otros murmuraban entre ellos. En una esquina, Lepus y Tanthos estaban charlando, aunque Lepus no se movía para nada, y parecía más muerto que vivo. Emersoth tenía cara atormentada, y era el único que se movía. En el centro, todos sus amigos estaban reunidos.

–Lorcan, Liuva… ¿Dónde estaban?-les grito Jacob apenas los vio.
–¿Qué es lo que esta pasando?-pregunto Liuva, evadiendo la pregunta de Jacob.
–Fue algo muy extraño… no sabemos incluso lo que pasa…-decía Ara.
–Llegaron varios profesores a la Sala Común, y nos dijeron que fuéramos inmediatamente al Gran Salón. Nadie nos dio explicaciones, y nadie sabia que pasaba…-decía Albus Potter, que estaba junto a su hermano.
–¿Qué esta pasando, Lor?-le pregunto Jacob.
–Lepus ya sabe quien es el Heredero de Ravenclaw… Pero no me explico como saben eso…
–¿Crees que pasara algo?-pregunto Rose Weasley.
–Me temo que si, pero por ahora necesito ir a hablar con el director… Es urgente… y necesito que me cubran la espalda…-les decía Lorcan. Su tono era como el de un líder, y al parecer, ya tenía un plan.
–Estamos contigo-dijo James Potter, y todos asintieron.-Y creo que necesitaran esto…-James saco de un bolsillo una capa muy peculiar.-Es una capa que te hará invisible… te hará muy útil para escapar de acá…
–Muchas gracias, James…-dijo Lorcan, y le sonrió.-Jacob, Ara, acompáñenme… Liuva, tu quédate, y si oyes algo, tienen que estar preparados… Nosotros ya volveremos…

Todos asintieron, y se prepararon para el escape. Liuva, junto con Molly y Fred Weasley se dirigieron a la puerta del Gran Salón. La abrieron rápidamente, y dejaron entrar un frío infernal, pero dio tiempo para que los chicos, envueltos en la capa invisible pudieran escapar.

–¡No abran la puerta, mocosos!-grito el celador de Hogwarts, y los chicos la cerraron. Lorcan, Ara y Jacob estaban fuera.

Empezaron a caminar, en busca del despacho del director Victor. Caminaban suavemente para no ser oídos por alguna otra persona que anduviera por el lugar. El frío traspasaba aquella asombrosa capa, por lo que Lorcan, Jacob y Ara estaban temblando.

–Ahora si, explícanos… ¿Qué es lo que esta pasando?-pregunto Ara consternada. El tiempo les dio para que Lorcan les relatara su charla con el Barón Sanguinario, y sobre el apellido del último heredero de Ravenclaw. La historia dejo impactados a ambos niños, tanto así que no hablaron hasta llegar al despacho.
–Creo que esta abierto…-dijo Ara, y toco aquella gárgola, que protegía la oficina del director. Inmediatamente se abrió, y los niños entraron. A los pocos segundos, ya estaban dentro.
–…no creo que eso sea verdad, señor Dormiteus…-se oía al fondo la voz del director.-Esperen… creo que tenemos visitas…
–Alohomora-grito una voz femenina, y la puerta se abrió automáticamente. Detrás de la puerta, los tres niño (ya se habían quitado la capa, y la habían ocultado) estaban postrados ahí.
–¿Cuál es el propósito de su visita, señorita Black?-pregunto el director Diggle.
–Necesitamos hablar con usted, señor…-dijo Jacob, con la cabeza abajo.
–Pues en estos momentos no estamos con anhelo de hablar, además de que estamos en una amplia discusión de profesores… ¿No deberían de estar en el Gran Salón?
–Deberíamos, pero necesitamos decirle algo urgente, señor.-dijo Lorcan, que se había exaltado.
–Me temo que este no es el momento, joven Lorcan. Vuelvan inmediatamente al Gran Salón, pues ahí estarán cómodos, y calientes.
–Es que usted no entiende señor Director… El Heredero de Ravenclaw esta…-gritaba Lorcan, pero una voz familiar lo interrumpió.
–Mira Lorcan, Black, y Crouch, hablemos afuera, y yo con gusto los llevare al Gran Salón… asegurándome de que nada les pase…-dijo el señor Dormiteus, y se retiro de su asiento, y se salio.-Y señor Director, si no quiere hacer caso, dejare que el destino haga lo que quiera con nuestras vidas, pero no permitiré que nada le pase a los niños.-y el señor Dormiteus salio.-Ahora si, ¿Qué pasa, chicos?
–El Heredero de Ravenclaw, ya sabemos quien es…-dijo Ara, con lagrimas en los ojos.
–El peligro se acerca, y creo que ya deben de saber lo que deben hacer, ¿No es cierto?-les dijo Dormiteus.-El Heredero es el único que nos puede salvar a todos… el día de hoy, el descendiente de Lord Voldemort planea atacar el castillo, pero no lo hará solo… y planea conseguir lo que esta en la ancestral Habitación de Rowena… ¿Lorcan, donde esta tu varita?
–Mi varita… la deje en la Sala Común… ¿Cómo la olvide?-dijo Lorcan, pegándose en la cabeza.
–Todavía hay tiempo… Solo tú, y tus amigos pueden ayudar a salvar al Colegio, y al mundo mágico… Corre por tu varita, y haz lo que tengas que hacer… Yo estoy contigo…-dijo el profesor, que esta vez hablaba con la verdad. Dicho esto, les guiño un ojo a los niños, y entro de nuevo a la oficina.

Los tres niños corrieron con todas sus fuerzas a la Sala Común. El frío se intensificaba cada vez más. Estaban seguros de que correrían muchos riesgos, pero como dijo Dormiteus, es por el bien del mundo mágico. Lorcan y sus amigos jadeaban, y el frío y la neblina crecían en el castillo.

–¿Qué hacen ustedes en el pasillo, mocosos?-gritaba el profesor de Criaturas Mágicas, y tío de Lorcan.- ¿Lorcan?
–Lo siento, tío…-dijo Lorcan, y se dirigió a Ara.-Ahora
–Expelliarmus-grito Ara, y de su varita salio un rayo que pego directamente al pecho de su tío, y lo expulso para unos estantes.-Corramos… no hay tiempo.
–¿Dime el nombre del hombre que se…?-preguntaba la gárgola de la entrada de la Sala Común de Ravenclaw.
–No me bromees… estamos peligrando… nos urge entrar…-decía Jacob a la gárgola. Jacob se había adelantado, pero fue mala idea, ya que Jacob no sabía nada de nada.
–¿Qué pasa?-dijo Lorcan, cuando ya los había alcanzado.
–¡No quiere abrir!-dijo Jacob.
–¿Respondiste su pregunta?-pregunto Ara.-Me lo supuse…-dijo al ver que Jacob no le respondía.

Al responder la pregunta de la gárgola -la respuesta era Herpo el Loco – entraron rápidamente. Jacob, Lorcan y Ara retiraron todo lo que se les metiera en su camino, hasta llegar al dormitorio de los hombres. Al llegar, todo estaba muy desastroso, como lo habían dejado desde la mañana. Los elfos domésticos, al parecer, no habían hecho la limpieza, seguramente por el frío que había. Lorcan se dirigió a su baúl, donde había dejado la varita en la mañana.

–¡La tengo!-grito, al tener en sus manos aquella preciada varita.-Esperen un segundo…-dijo Lorcan. En su baúl había un brillo extraño. No era producido por la caja de cristal, ya que esta estaba brillando sin mucha intensidad. Era un brillo en lo más profundo del baúl. Lorcan metió la mano e intento sacar lo que producía aquel brillo.- ¡Auch!
–¿Qué te paso?-preguntaron Ara y Jacob al unísono.
–Me queme con algo que…-dijo Lorcan, y logro sacarlo. El papel que le había caído del cielo, aquel que nunca pudieron abrir con ningún hechizo. Estaba quemado, y aun tenia un poco de fuego leve, pero al parecer, estaba abierto. Lorcan lo empezó a abrir lentamente. Al abrirlo totalmente, unas letras grandes y claras estaban en el, y decían:

*Eh aquí al Heredero de Rowena Ravenclaw… Tu eres el Heredero de Ravenclaw*

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