La ida a la clase de Transformaciones fue extraña. Iba caminando por el pasillo de la clase de Transformaciones, y empezó a oír unas voces que se incrementaban poco a poco -yendo a ver el problema, se encontró a Lepus de frente, pero andaba en otras cosas, así que no lo vio. Llevaba la cara más demacrada, como si no hubiera dormido en unos días. Lorcan llego al altercado, y estaban su maestra de Duelos, su maestra de Defensa contra las Artes Oscuras, el director Diggle, y la profesora Katie Bell, la de Transformaciones.

–…las reglas no se rompen… ¿Cómo, en su cabeza cabe, que ataque a una profesora…?-decía el profesor Diggle, que, aunque no hablaba duro, sonaba mucho por el eco.

–Ella sabia… yo se lo dije… solo que salió mal… no me culpe… no me haga nada… yo…-decía la profesora Toothill, que estaba titubeando.

–Ella no me dijo nada… me ataco, me derribo… ¡Me humillo frente a los niños! Esto es inaceptable…-decía Slinkhard, defendiéndose. Al parecer, Katie estaba ahí solo para ver que era el asunto, ya que cerca estaba la clase de Transformaciones.

–Señorita Toothill, temo creer que todo esto no lleva a más lugar que…

–¿…darle un aumento?-decía Lorcan, que apareció, metiéndose en el asunto.-La profesora Toothill lo hizo maravillosamente. Como Jefa de Casa y maestra de una materia que nunca se había dado en Hogwarts. Está bien que hizo eso a Slinkhard…

–Profesora… Slinkhard… y no te metas Lovegood…-decía la profesora, pero fue interrumpida por el profesor.

–Déjalo Alberta… hay que ver la historia de otro punto de vista…

–…pero no es de alarmarse… ella es muy buena duelista, y quizás Slinkhard… Profesora…-decía Lorcan, viendo la expresión que ponía la profesora-no es capaz de derribar a una jovencita de poca edad…

El director se rio de la salida de Lorcan, y la profesora de Transformaciones esbozó una sonrisa, al tiempo que la profesora Toothill le decía en voz baja “Muchas Gracias”.

–Dejémoslo así, y sin rencores… tengo que resolver unos asuntos… Buen Día…-decía el profesor, y se retiraba del lugar.

–Ven Lorcan, la clase ya empieza… -le dijo Katie a Lorcan, y Lorcan se acercaba. Vio que ambas profesoras se quedaron hablando después de eso, pero Lorcan no volvió a ver atrás. Entro a la clase, y sus amigos le habían guardado un campo, justo al lado de Jacob, y Rodmiro, al fondo de la clase.

–Bueno, ya volví… como iba diciendo, soy su profesora de Transformaciones, Katie Bell. El arte de “transformar” es muy complejo y peligroso. Solo basta con cambiar la apariencia total, incluyendo forma molecular, entre otros, y crear una transformación completa. Hoy veremos Transformación simple, como cambiar…-decía, sacando de su escritorio un lápiz-…objeto inmóvil, a…-decía, y con un movimiento, pronunciando la frase *Tranfromo Infromo*, el lápiz cambio su forma al de una aguja.-A otro objeto inmóvil… es solo visualizar el objeto al que se quiere llegar. En su libro de Emeric Switch, en la página 14, lo verán mas visualizado… ¡inténtenlo!

Lorcan saco de su bulto un pequeño lapicero. Jacob, a diferencia de Lorcan, saco una aguja, usando la escusa de que “su mama solía dejar las agujas en su pantalón cuando cocía”. Liuva y Ara, para no gastar tanto material, partieron su lápiz en dos, después de que la profesora dijo que el objeto podría regresar a su forma antigua, con solo el mismo hechizo.  Lorcan logro transformar la mitad de su lapicero en un pequeño borrador. Jacob había logrado transformar su aguja en un borrador, con un solo toque de su varita.

–Mi madre siempre fue buena para esta materia… quizás yo también…-decía Jacob todo feliz.

Al terminar la clase, después de que Rodmiro transformara el lápiz de Lorcan, todo en un borrador-al parecer, todos eran buenos en la materia, menos el- se retiraron, dirigiéndose a sus dormitorios, para terminar deberes. En Transformaciones, debían de llevar una aguja que la maestra las dio, transformada en un lápiz de color azul. Para Encantamientos, solo les dejaron un resumen de las páginas donde se hablaba acerca del Alohomora. En Defensa contra las Artes Oscuras, no dejaron deberes, pero la profesora dijo que la próxima clase iba a ser peor.

Al cabo de terminar Lorcan el deber de Encantamientos-donde aprendió todo acerca del Alohomora- sonó la campana, dando las 5 de la tarde. Liuva y Lorcan se vieron, y Ara y Jacob sonrieron, y les desearon suerte. Ambos niños salieron de la Sala Común de Ravenclaw, dirigiéndose al despacho de la profesora Alberta Slinkhard. Al llegar frente al despacho, tragaron saliva, y tocaron la puerta. Liuva estaba muy nerviosa, y llevaba puesta una sudadera color naranja. Lorcan llevaba pantalón de mezclilla y camisa verde.

–Deben ser los castigados…-decía una voz de adentro, y al abrirse la puerta, la repugnante figura de la profesora Slinkhard, baja y regordeta, apareció, dejando ver su horrorosa varita brillando.-Vengan, pasen… sin miedo… Siéntanse ahí…-dijo señalando unas sillas junto a su escritorio.

Los dos niños entraron. Aquel despacho era muy colorido, y a la vez muy negro. Tenía una colección invaluable de rocas de colores pasteles. Pero a su vez tenia artefactos mágicos muy extraños que emitían sonidos raros. La habitación tenía varias puertas, y estaban pintadas de un color rosa oscuro.  Se sentaron en las sillas, y la profesora se sentó. Empezó a ordenar unos papeles, a escribir cartas, y de vez en cuando, se ponía de pie, e iba a asomarse a una puerta a la derecha de la casa. Al cabo de diez minutos, ella se puso de pie, se dirigió a la puerta, y les hablo.

–Hoy les tengo un trabajo simple, como primer castigo… No es nada especial… solo que serán de gran ayuda para las próximas clases…-Lorcan y Liuva se tranquilizaron, pero una sonrisa maliciosa en la profesora les hacía sentirse mal. La profesora camino hacia una de las puertas, haciéndoles señas de que se acercaran.  Al llegar a la puerta, se volvió a ellos-Necesito que atrapen una serie de criaturas inofensivas. Duendecillos de Cornualles… azules, pequeños… inofensivos… los necesito para las siguientes clases de todos los años… y no salen hasta tener al menos 10 capturados…-dijo la profesora llamándolos. Ellos llegaron junto a ella, y la profesora abrió la puerta, y los empujo dentro de la habitación.

Aquella habitación era oscura y sombría. Dentro solo había una pequeña luz, y en el fondo se veían unos tumultos de unas figuras azules moviéndose. Dos jaulas abiertas de par en par cerca de ellos, donde se suponía, tendrían que atrapar a los animales esos.

–Leí de ellos en un libro de la biblioteca de mi madre, Dorietta. Un *Petrificus Totalus* los paraliza, y son presa nuestra.

–¿Petrificus qué?-preguntaba Lorcan.

–Mira… *Petrificus Totalus* grito Liuva, apuntando al puño de animales azules, y apenas les pego, todos se alborotaron. Empezaron a andar por todo el lugar como locos, atacando a Liuva y Lorcan con sus uñas filosas. Eran como cien, y ellos no sabían que hacer.- Petrifícalos…-gritaba Liuva, al mismo tiempo que repetía el hechizo de petrificación.

–*Petrificus Totalus*-gritaba Lorcan, y algunos duendes de Cornualles caían petrificados. Liuva gritaba y sacudía las manos, pegándoles a los duendecillos. Ambos gritaban como locos.

–Ahora… *Petrificus Totalus* agarra los que hay en el…*Petrificus Totalus* y los metes a las jaulas…-gritaba Liuva, atacando a los duendecillos que se le acercaban.

Lorcan se agachaba con la varita en alto, y agarraba puños grandes de duendecillos, y los metía a las jaulas. Atacaba a los duendes, y corría como loco, gritando aquel hechizo. Liuva bajo la guardia, y le empezó a ayudar a Lorcan. Al cabo de media hora, muy agitada, habían logrado atrapar la mitad de los duendecillos, y los demás se tranquilizaron. Lorcan y Liuva respiraban agitadamente, y estaban muy heridos. Lorcan tenía la cara llena de cicatrices, y la camisa verde toda rajada. Liuva también estaba muy herida, y su nueva sudadera estaba arruinada.

–Este castigo fue muy… terrible… Dios…-decía Liuva, que con la varita pronunciaba *Episkey* y detenía una hemorragia que tenía en la nariz, por culpa de un duendecillo que le pego en ella.

Los dos niños se pusieron de pie, y salieron la habitación. La profesora los vio, y se empezó a reír. Liuva se adelanto para decirle algo, pero Lorcan lo dijo primero.

–Cabe decir que este castigo lo sabrá el profesor… ¿eh, Slinkhard?

–El castigo iba a durar más semanas… quizás sea condescendiente de quitarles las otras semanas… con hoy basta…-decía la profesora, con tono muy tranquilo-Y el director sabe, no hay problema… Hoy, cuando estaba hablando con él, me dio la autorización, y llego Toothill… creo que por su entrometida llegada le va a costar al alumno Lovegood, otra semana de castigos… Para que aprenda a no meterse donde lo llaman. Retírense… y lo veo de hoy en ocho días, Lorcan Lovegood…-dijo la profesora, y les abrió la puerta con un hechizo, y ambos niños salieron.

El camino a la Sala Común fue eterno. Lorcan iba maldiciendo a la profesora por aquel castigo injusto que le dio la profesora. Estaba que le ardía la sangre, pero lo tomo con más calma cuando Liuva le dijo “Tranquilo, Lorcan… Yo te ayudare…”. Estando cerca de las mazmorras, Lorcan observo a Lepus que iba hacia allá. Iba muy nervioso, y viendo a todos lados. Al llegar a la Sala Común, el pomo de encima en forma de águila les hablo.

–¿Para qué sirve el pus de bulbotuberculo?-pregunto con una voz aguda.

–Hay… no se…-decía Lorcan, frotándose la cabeza.

–Debes de saber, o no entras…-le decía de nuevo el pomo.

–Yo me la se… ¿”Curar Acné”?-dijo Liuva, y el pomo abrió la puerta de la Sala Común. Estaba vacía ya que eran más de las 12 de la noche.

Liuva se quedo un rato en la sala, pero luego se fue a dormir, deseándole buena noche a Lorcan. Lorcan quedo pensativo, pero el sueño le gano, y subió a la habitación a dormir un rato, ya que mañana tendría un día difícil.

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