marzo 2008


 Al día siguiente, Lorcan despertó con unas ojeras enormes. Quizás el haber trabajado toda su tarde y parte de su noche con el castigo, le había acortado su sueño-o quizás los duendecillos daban este efecto. Al terminar de bañarse, la cola que se hacia siempre después de que Lorcan se bañaba estaba igual: Fred, con su mugroso pelo, bostezando y maldiciendo a la profesora Lavender con Rodmiro-ya eran muy amigos- y Jacob, que se quedo impactado al ver las heridas de la cara que Lorcan tenia. Lorcan siguió su camino, ignorando su mirada.

Lorcan bajo las escaleras, llegando a una Sala Común vacía. Miro el reloj gigante que se encontraba en la sala, y vio que era muy temprano. Se sentó en uno de los sillones del lugar, a esperar a sus amigos. Al momento bajaron Ara y Liuva. Ara le estaba aplicando crema a la cara de Liuva, que estaba muy demacrada.

–Es inhumano, inaceptable, indebido, irrespetuoso…-decía Ara, que también se había puesto a echarle pomada de Dragón a Lorcan.

–Ya sabemos, pero hay que quedarnos callados… ¿Quieres que nos den mas castigos?-decía Liuva.

–Pero si dicen, dejaría de dar castigos… ustedes no entienden…-decía Ara.

–Pero no es tan malo… ¿Qué tal si bajamos ya?-decía Lorcan, pero luego recordó que había que esperar a Jacob.

–¿Y que les paso a ustedes?-dijo Jacob, bajando después de unos minutos de haber esperado.

–El castigo con Alberta… ¿Hoy que clases tenemos?-pregunto Lorcan, evadiendo mucho la pregunta de Jacob, ya que no quería hablar de ello.

–Casi nada… Dos clases de Encantamientos…-decía Ara, al tiempo en que sus amigos hacían un sonido de aburrimiento.-luego, dos de Herbologia… dos de Pociones, el almuerzo, pequeño descanso…-decía Ara, y se quedo callada por unos segundos, olvidando el horario.

–…dos de Aritmancia, y dos de Cuidado de Criaturas Mágicas…-decía Liuva, que, al ver que Ara no respondía, saco su horario y lo leyó.

–Será un día duro…-decía Jacob-Por dicha que… no hay nada positivo en todo esto… Bueno, vamos a desayunar, que llegaremos tarde.

Los cuatro chicos fueron a desayunar-bajaron con Fred, Rodmiro, Arthur y Roddy, que ya se estaban haciendo muy amigos- y llegaron pronto al Gran Salón, que estaba repleto de gente. Lorcan se sentó junto a Rodmiro, y Roddy, donde entablaron mucha conversación.

–¿…que se siente hacer magia siendo muggle?-le preguntaba Lorcan a Rodmiro.

–Pues, raro al principio… pero te vas acostumbrando…-Lorcan noto que la voz de Rodmiro era muy apresurada, pero calida.

–Mi marde…-decía Roddy, que tenia la boca llena de comida-ue gos muggol uon muy pogderosog…-Lorcan y Rodmiro se quedaron viendo, y estallaron en carcajadas. Roddy trago la comida, y empezó a reírse también.

En ese momento, una lechuza voló a través de todo el Gran Salón, postrándose a unos asientos lejos de Lorcan: la lechuza, Gris con negro se postro frente a Ara, dejándole un pequeño regalo. Era un pequeño envoltorio redondeado, que en su interior había algún objeto que se movía. Ara lo vio, y acaricio a la lechuza, que se fue inmediatamente. El paquete venia con una carta. Ara la leyó, y se la paso a Jacob. Este la termino de leer, y se la tiro a Lorcan.

Querida Ara:

Me contaron con entusiasmo – mi amiga Luna – que su hijo Lysander le contó que estabas en Ravenclaw, junto a su otro hijo Lorcan. Espero que te este yendo bien en esa casa, y se que lo harás excelente. Este es un pequeño regalo de parte mía, para que no te sientas tan sola. Ojala y lo cuides mucho. Te extrañamos acá en casa. Teddy te manda saludos, y mucha suerte (y que le saludes a Victoire) y que ira algún día a Hogwarts a saludarte.

Besos y abrazos

Tu tía Andrómeda

Lorcan le devolvió la carta a Ara, y al volverla a ver, tenia un micropuff en su mano. Era rosado, y con los ojos saltones. Lorcan lo vio, y le hizo recordar a su antiguo micropuff, que lo había dejado en una jaula junto a su mesa de noche, pero nunca le daba importancia. Ara tenia una gran sonrisa al tener en sus manos a aquella criatura. Liuva lo acariciaba, mientras Ara decía *Rowena… se llamara Rowena* y continuaba jugando con el micropuff.

Luego, termino el almuerzo, y todos los niños de primero se dirigieron a clases de Encantamientos. La clase estuvo normal. Únicamente la profesora recogió los deberes, y siguieron repasando el Alohomora, ya que algunos aun no dominaban el hechizo. La clase se le hizo eterna a Lorcan, ya que el había logrado dominar el hechizo desde la primera clase, a diferencia de Jacob, que destruyo su puerta, y parte de la oreja de Liuva -la cual la llevaron a emergencias a la Enfermería-.

Después, tras esperar por diez minutos a Liuva que saliera de la enfermería, se dirigieron a los invernaderos de las afuera del colegio. Aquella clase fue rápida y entretenida. Empezaron a ver las propiedades del Lazo del Diablo. Tenia muchas propiedades, como el «Defenderse atrapando a su depredador» y algunas de ese estilo. Además, aprendieron a defenderse de una de ellas, con el hechizo *Lumus* que hacia aparecer de la punta de su varita, una luz tenue, igual a la que hizo Liuva cuando el Lazo del Diablo atrapo a Jacob. En aquella clase, volvieron a encontrarse con Abraham Carrow.

–…me encanta mi casa…-decía Abraham, a Lorcan, mientras, con la varita, hacia intimidar a su Lazo del Diablo.-Aunque la habitación es un poco oscura, y me toco con aquel chico… Lepus Lestrange… me da temor dormir ahí…

–¿Y le hablas?-preguntaba Lorcan interesado, mientras conjuraba el hechizo *Lumus*.

–Aun no… el solo se junta con el chico Emersoth…. Deberíamos de hablar mas seguido…-decía a todos, y los chicos asentían, dando su opinión. Lorcan no pudo evitar ver para abajo, y recordar la pregunta que siempre le quiso hacer a Abraham desde que lo conoció.

–¿Qué es lo que tienes en los pies?

–¿El movimiento de mis pies?-decía Abraham, y hecho una pequeña carcajada-Es un problema de nacimiento… casi no los puedo controlar, pero cuando camino los controlo bien. Es un don, ya que cuando pateas así, derribas a tu oponente inmediatamente…

Salieron de los invernaderos, y quedaron con Abraham de almorzar juntos en la mesa de Ravenclaw. Se dirigieron directamente a las mazmorras, donde se encontraron con la prima de James Potter, Rose Weasley, y una amiga muy atractiva. Lorcan se acerco, y saludo a Rose con un abrazo, y le sonrió a la amiga. La amiga de Rose también lo vio, y le hecho una mirada muy tierna, con una sonrisa hermosa. Lorcan no supo de que mas hablar, y se encamino a la clase. Sus amigos ya le habían apartado el campo.

–Buenas tardes, alumnos de Ravenclaw, y de mi orgulloso Gryffindor…-decía el profesor de Pociones, Libatius Borage. Era un señor mayor, lleno de canas, y con ojos azules. Era alto, y su sonrisa era radiante.-Bueno, vamos a la teoría…-agito su varita, y una pizarra apareció, postrándose frente a todos los niños. Ese día compartían clases con Gryffindor,-Cura De Forúnculos… o Granos… Es sencilla…

Todos en la clase tenían un caldero, donde preparaban la poción. El profesor Borage empezó a escribir en el pizarrón la poción, el cual decía:

*Ortiga Seca

*Colmillos de Serpiente bien aplastados

*Pedazos de Cuerno

*Púas de Erizo

–…de Erizo se agregan solo después de que quitas tu caldero del fuego…-decía el profesor, que se sentaba y sacaba de su escritorio un ejemplar de El Quisquilloso.

A Lorcan se le hizo muy difícil preparar la poción. Su ortiga estaba tan seca, que si la tocabas, se desarmaba. Los colmillos no estaban muy bien aplastados, ya que no sabía como hacerlo. Liuva inmediatamente obtuvo lo que era una poción que expulsaba una nube de acido humo verde. El profesor se levanto, y se quedo mirando asombrado aquel humo.

–Increíble… totalmente increíble, señorita Edgecombe… esto es… 10 puntos mas para Ravenclaw…

Al terminar la clase, Jacob había obtenido humo, pero de un color azul espeso. Lorcan no había ni siquiera creado humo, y el profesor definió la poción de Lorcan como «poción Matadora». Ara casi se acerca a lo que hizo Lorcan, pero el de ella había sacado al menos un pequeño humo azul-verdoso. Quizás fue porque llevo a su micropuff Rowena a la clase, y no paro de hablarle y peinarlo.

Inmediatamente se dirigieron a almorzar, ya que no aguantaban el hambre. Al llegar, Abraham los estaba esperando en la puerta del Gran Salón, ya que quedaron en almorzar juntos. Los cinco chicos se sentaron en la mesa de Ravenclaw, y empezaron a comer los manjares. Todo mundo miraba a Abraham con desprecio, ya que no era normal ver chicos de otras casas en otras mesas. Aun así, Abraham conoció a Fred y sus amigos, e hicieron una gran amistad.

Al terminar el almuerzo, Abraham se iba, ya que tendría una clase de Vuelos. Se despidió, y se marcho junto a sus compañeros de Slytherin. Ara seguía con su micropuff, acariciándolo, y haciéndole caras.

–¿No es lindo, ah Lorcan?-le decía Ara, enseñándole a su micropuff.

–Yo tengo uno…-decía Lorcan, evadiendo aquella pregunta.

–Hay que presentarlos… Ahora tenemos descanso… ¡vamos a la Sala Común!

–Espero que cerca de la Sala Común haya alguien… Sin Liuva somos medio cerebro funcionando…-decía Jacob, ya que Liuva había decidido ir a la biblioteca a terminar los deberes de Historia de la Magia.

Llegaron a la Sala Común, y la pregunta, por suerte del «medio cerebro», era sencilla.

–¿En que ayuda los colmillos de serpiente aplastados?-pregunto el águila que daba las preguntas.

–Fácil… Cura de Fornutuberculos…-decía Jacob, y Ara la deba un manotazo por la cabeza.

–Es Forúnculos, tarado…

–Correcto, niña Black…-dijo el pomo, y la puerta se abrió. Los chicos entraron, y después de Lorcan, la puerta volvió a cerrarse.

Tardaron unos minutos esperando que Lorcan bajase con su micropuff verde oscuro que le habían comprado en aquella visita al Callejón Diagon con su tía Demetria. Este se veía igual que antes, igual de alegre e inquieto. Ara, al verlo, pego un grito de emoción. Se quedaron unos minutos viendo la convivencia entre las dos criaturas, y Jacob y Lorcan ya estaban muy cansados, hasta que entro Liuva a la Sala Común, avisando que ya iba a empezar las clases de Aritmancia.

Estas serian sus primeras clases con aquel profesor Vector, en el cual Lorcan había manifestado magia, empujándolo mágicamente en el momento en que este lo toco. Lorcan tenía miedo de que le hiciera algo, o lo volviera a encontrar a solas. Llegaron rápidamente al aula de Aritmancia, ya que estaba muy cercano a la Sala Común de Ravenclaw. Agarraron campo cerca del profesor, y al parecer, la clase se compartía con todos los niños de primero que escogieron dicha materia.

–Aritmancia….-decía el profesor Dormiteus Vector.-…una magia muy interesante, pero muy compleja… Pasaran viendo y utilizando números… ¿Qué quiere decir Aritmancia?-pregunto el profesor-¿Si, señorita Weasley?-le dio la palabra a su prima Rose Weasley, que estaba junto a su amiga de la sonrisa hermosa.

–Quiere decir Profecía del Número… Bueno, eso significa la palabra…

–Excelente señorita Weasley… como tu madre, la señorita Granger, que amaba esta materia tanto como a tu padre…-varios de la clase rieron ante aquel chiste vergonzoso.- Pero la materia de la Aritmancia en si, quiere decir Definición, o Significado del Numero… pronto entenderán el porque…

El profesor, poco después, les dijo que leyeran los primeros capítulos del libro «Numerología Mágica Principiante». Hablaba sobre la numerología de las personas. Era un proceso muy sencillo. Solo bastaba con la fecha exacta de los cumpleaños de las personas. Aquello era muy sencillo, pero el profesor explico que pronto veríamos los significados de aquella numerología.

–¿Tu cuando cumples?-le preguntaba Ara a Lorcan.

–El 2 de Junio… Debería de ser el 4, pero mama nos tuvo antes del nacimiento, el cual fue…

–¿Y el año en que naciste?-preguntaba Liuva, que estaba anotándolo.

–Pues en el 2006…-respondía Lorcan, dolido por la interrupción de su historia.

–Entonces sumamos… ¿Cómo seria entonces, Ara?-preguntaba Jacob, que solo había hecho manchones en su cuaderno.

–2+6+2+0+0+6… Creo…-respondía Ara.

–Es correcto, señorita Black… en ese entonces, el numero de el señor Lovegood…-dijo el profesor Vector, que volvió a ver de reojo a Lorcan.-Es el numero…

–No puedo creerlo… ¡Es el numero 7!-grito Jacob, asombrado.

–¿Y eso quiere decir…?-preguntaba Lorcan. El profesor Vector tenía los ojos asombrados.

–Quiere decir que mis sospechas son correctas…-dijo Dormiteus, y dio media vuelta, sin volver a ver hacia atrás.

–¿Sus sospechas? ¿Qué sospechas?-preguntaba Ara, consternada.

–Sabía que no debí de escoger Aritmancia…

Al terminar la clase, el profesor dejo de tarea llevar hecho la Numerología de 5 personas, y la de uno mismo también. Eso era fácil, ya que solamente tendría que preguntarles a sus amigos, y listo. A la salida de la clase, se encontraron de nuevo a Candy, su vieja amiga del compartimiento. Y Lorcan volvió a saludar a su prima Rose, solo para acercarse a aquella niña bonita.

Luego, Liuva recordó que tendrían clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, así que se dirigieron rápidamente a la clase, en el exterior del castillo. Ara llevaba su pequeño micropuff, diciendo que «el profesor le encantaría ver una criatura como aquella». Llegaron al exterior del castillo, y se toparon en el camino a Lepus Lestrange junto a su amigo Tanthos. Lepus ignoro la presencia de Lorcan. Andaba la cara muy demacrada, y con ojeras muy marcadas. Lorcan presintió que eso no era por naturaleza. Al llegar a las afueras de la Cabaña de Hagrid, había un profesor esperándolos, que por su pequeña estatura, se notaba desde lejos que no era el mismísimo profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas que le dio a su madre.

–Bienvenidos niños de Primer Año…-decía una voz muy conocida por Lorcan. -Soy el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas de 1º y 2º año… El profesor Kurt Scamander.-Lorcan se fijo mejor, y vio a su tío postrado frente a toda la clase. Estaba igual de sonriente que siempre.-Hoy trabajaremos con criaturas poco peligrosas, para ir aumentando su índice de peligrosidad con el tiempo… Hoy veremos a los inofensivos Horklump…-dijo, y volvió a ver al jardín, y se quedo buscando ahí por unos minutos algo, y al no encontrarlo, dijo-Denme unos minutos, que al parecer Hagrid se llevo los pequeños Horklumps…

La clase se volvió muy ruidosa. Lorcan y sus amigos hablaban, mientras esperaban que el profesor-y tío-Kurt saliera de la cabaña con las criaturas. En aquella clase estaba Abraham, que se les unió al poco tiempo, y empezaron a hablar de las clases. Estaban hablando entretenidamente, cuando Lorcan vio que Lepus, que estaba cerca de el, le dijo algo al niño Emersoth en el oído, y seguido esto, se dirigieron al Bosque Prohibido, con mucho cuidado. Lorcan se quedo viéndolos de reojo, hasta que desaparecieron. Pasados unos 2 minutos, Ara pego un grito ahogado.

–¡Rowena se me escapo!-dijo con las lagrimas en sus ojos.-Estaba amarrada a mi pierna… yo nunca la solté…  no puede ser… Se fue al Bosque Prohibido… debe de estar sola, buscando la salida…  iré a buscarla…-dijo, y empezó a caminar hacia el bosque. Sus amigos no le tomaron importancia, ya que no sabían lo peligroso que era el bosque, pero Lorcan si se fue detrás de ella, sabiendo que Lepus estaba por ahí.

El bosque, cada vez que se avanzaba a lo mas profundo, se hacia mas frío y mas tenebroso. Solo se oían los sollozos de Ara, y los pasos de ambos niños. Ara estaba arregostada al hombro de Lorcan.

–No debimos de entrar, Ara… es muy peligroso…

–Pero ¿Y Rowena?

–Debe de estar bien… quizás ni siquiera este en este bosque… quizás se fue a la habitación…

–Vi algo…-dijo Ara, y fijo su vista en un lugar en específico. A los cinco metros de ellos, una figurita rosada se movía entre las hojas.- ¡Rowena!-grito en voz baja, y corrió a agarrarla.

–¡Detente! Oigo algo…-le dijo Lorcan a Ara, y se agacharon en el lugar donde encontraron a Rowena.

–No creo que este aquí…-decía una voz aguda.

–Aun así, hay que encontrarlo…-decía otra voz, un poco más grave.

–Lepus, ¿Y si nunca existió?

–Si existió, ya que el me dijo que lo buscara… es lo único que necesito para hacer lo que queremos…-decía la voz de Lepus Lestrange.

–¿Lo que quieren quienes?-preguntaba el que debía de ser Emersoth.

–Yo y mi familia… ya sabes… él…-decía Lepus, volviendo a ver a todos lados.

–¿Pero para que es que quieres encontrar eso?

–¿Qué no entiendes?-decía Lepus, como regañándolo-Ella sabe donde encontrar lo que me dijeron… un poder que él nunca tuvo…

–¿Quién anda ahí?-dijo una voz un poco mas grande-¿Qué no saben que este Bosque esta Prohibido para niños como ustedes?

Lorcan volvió a ver a todos lados, sudando por la charla que acababan de oír, y por aquella voz que venia de atrás de ellos. Un gran centauro estaba postrado cerca de ellos, dirigiendo su arco de flechas hacia Lepus y Tanthos. Ara y Lorcan se agarraron la mano, esperando lo peor.

–Emmm… nosotros no…-decía Lepus, con voz baja pero decidida.

–No es que no estén haciendo nada, sino que están en NUESTRO Bosque…-grito el centauro, y una flecha salio de su arco, dirigido a un árbol que estaba cerca de ellos.

–Tranquilo Bane…-dijo una voz. El profesor Scamander apareció por detrás del centauro Bane, con la varita en alto.-Ustedes dos…-dijo señalando a Lepus y Tanthos-Vayan a clases, y luego vamos a hablar con el señor Diggle…-dijo este, y los dos niños corrieron hacia las afueras del Bosque Prohibido. Se quedo mirando a todos lados, buscando algo.-Y mis disculpas, Bane… No ocurrirá mas… ¿No viste más niños por acá?

–No, recién llegue… Gracias Kurt….-dijo, y el centauro se fue galopando, mientras que el profesor regresaba a la cabaña, viendo a todos lados en busca de-seguramente-Ara y Lorcan, ya que ya había terminado la clase de Cuidados de Criaturas Mágicas.

Los dos niños esperaron que pasara un tiempo, y se devolvieron a las afueras del Bosque Prohibido. Al salir del bosque, intentaron ir al castillo sin ser vistos, pero Ara vio un pedazo de papel arrancado de un cuaderno, tirado en el suelo, con unas escrituras en el. Ara lo rejunto, y lo leyó, e hizo una cara de asombro y susto. Se la paso a Lorcan, y la carta decía:

Se que andaban en el Bosque Prohibido. No puedo hacer más de otra que hablar con ustedes y pensar en su castigo, junto con los alumnos Lestrange y Emersoth, pero primero quiero saber tu historia. Ven acá el sábado en la mañana, junto con Ara Black. No te diré nada antes de ese día.

Kurt Scamander

Lorcan la re-leyó, trago saliva, y Ara seguía con las manos en la cabeza. Lo único que hicieron fue volver a verse, ya que los habían atrapado.

La ida a la clase de Transformaciones fue extraña. Iba caminando por el pasillo de la clase de Transformaciones, y empezó a oír unas voces que se incrementaban poco a poco -yendo a ver el problema, se encontró a Lepus de frente, pero andaba en otras cosas, así que no lo vio. Llevaba la cara más demacrada, como si no hubiera dormido en unos días. Lorcan llego al altercado, y estaban su maestra de Duelos, su maestra de Defensa contra las Artes Oscuras, el director Diggle, y la profesora Katie Bell, la de Transformaciones.

–…las reglas no se rompen… ¿Cómo, en su cabeza cabe, que ataque a una profesora…?-decía el profesor Diggle, que, aunque no hablaba duro, sonaba mucho por el eco.

–Ella sabia… yo se lo dije… solo que salió mal… no me culpe… no me haga nada… yo…-decía la profesora Toothill, que estaba titubeando.

–Ella no me dijo nada… me ataco, me derribo… ¡Me humillo frente a los niños! Esto es inaceptable…-decía Slinkhard, defendiéndose. Al parecer, Katie estaba ahí solo para ver que era el asunto, ya que cerca estaba la clase de Transformaciones.

–Señorita Toothill, temo creer que todo esto no lleva a más lugar que…

–¿…darle un aumento?-decía Lorcan, que apareció, metiéndose en el asunto.-La profesora Toothill lo hizo maravillosamente. Como Jefa de Casa y maestra de una materia que nunca se había dado en Hogwarts. Está bien que hizo eso a Slinkhard…

–Profesora… Slinkhard… y no te metas Lovegood…-decía la profesora, pero fue interrumpida por el profesor.

–Déjalo Alberta… hay que ver la historia de otro punto de vista…

–…pero no es de alarmarse… ella es muy buena duelista, y quizás Slinkhard… Profesora…-decía Lorcan, viendo la expresión que ponía la profesora-no es capaz de derribar a una jovencita de poca edad…

El director se rio de la salida de Lorcan, y la profesora de Transformaciones esbozó una sonrisa, al tiempo que la profesora Toothill le decía en voz baja «Muchas Gracias».

–Dejémoslo así, y sin rencores… tengo que resolver unos asuntos… Buen Día…-decía el profesor, y se retiraba del lugar.

–Ven Lorcan, la clase ya empieza… -le dijo Katie a Lorcan, y Lorcan se acercaba. Vio que ambas profesoras se quedaron hablando después de eso, pero Lorcan no volvió a ver atrás. Entro a la clase, y sus amigos le habían guardado un campo, justo al lado de Jacob, y Rodmiro, al fondo de la clase.

–Bueno, ya volví… como iba diciendo, soy su profesora de Transformaciones, Katie Bell. El arte de «transformar» es muy complejo y peligroso. Solo basta con cambiar la apariencia total, incluyendo forma molecular, entre otros, y crear una transformación completa. Hoy veremos Transformación simple, como cambiar…-decía, sacando de su escritorio un lápiz-…objeto inmóvil, a…-decía, y con un movimiento, pronunciando la frase *Tranfromo Infromo*, el lápiz cambio su forma al de una aguja.-A otro objeto inmóvil… es solo visualizar el objeto al que se quiere llegar. En su libro de Emeric Switch, en la página 14, lo verán mas visualizado… ¡inténtenlo!

Lorcan saco de su bulto un pequeño lapicero. Jacob, a diferencia de Lorcan, saco una aguja, usando la escusa de que «su mama solía dejar las agujas en su pantalón cuando cocía». Liuva y Ara, para no gastar tanto material, partieron su lápiz en dos, después de que la profesora dijo que el objeto podría regresar a su forma antigua, con solo el mismo hechizo.  Lorcan logro transformar la mitad de su lapicero en un pequeño borrador. Jacob había logrado transformar su aguja en un borrador, con un solo toque de su varita.

–Mi madre siempre fue buena para esta materia… quizás yo también…-decía Jacob todo feliz.

Al terminar la clase, después de que Rodmiro transformara el lápiz de Lorcan, todo en un borrador-al parecer, todos eran buenos en la materia, menos el- se retiraron, dirigiéndose a sus dormitorios, para terminar deberes. En Transformaciones, debían de llevar una aguja que la maestra las dio, transformada en un lápiz de color azul. Para Encantamientos, solo les dejaron un resumen de las páginas donde se hablaba acerca del Alohomora. En Defensa contra las Artes Oscuras, no dejaron deberes, pero la profesora dijo que la próxima clase iba a ser peor.

Al cabo de terminar Lorcan el deber de Encantamientos-donde aprendió todo acerca del Alohomora- sonó la campana, dando las 5 de la tarde. Liuva y Lorcan se vieron, y Ara y Jacob sonrieron, y les desearon suerte. Ambos niños salieron de la Sala Común de Ravenclaw, dirigiéndose al despacho de la profesora Alberta Slinkhard. Al llegar frente al despacho, tragaron saliva, y tocaron la puerta. Liuva estaba muy nerviosa, y llevaba puesta una sudadera color naranja. Lorcan llevaba pantalón de mezclilla y camisa verde.

–Deben ser los castigados…-decía una voz de adentro, y al abrirse la puerta, la repugnante figura de la profesora Slinkhard, baja y regordeta, apareció, dejando ver su horrorosa varita brillando.-Vengan, pasen… sin miedo… Siéntanse ahí…-dijo señalando unas sillas junto a su escritorio.

Los dos niños entraron. Aquel despacho era muy colorido, y a la vez muy negro. Tenía una colección invaluable de rocas de colores pasteles. Pero a su vez tenia artefactos mágicos muy extraños que emitían sonidos raros. La habitación tenía varias puertas, y estaban pintadas de un color rosa oscuro.  Se sentaron en las sillas, y la profesora se sentó. Empezó a ordenar unos papeles, a escribir cartas, y de vez en cuando, se ponía de pie, e iba a asomarse a una puerta a la derecha de la casa. Al cabo de diez minutos, ella se puso de pie, se dirigió a la puerta, y les hablo.

–Hoy les tengo un trabajo simple, como primer castigo… No es nada especial… solo que serán de gran ayuda para las próximas clases…-Lorcan y Liuva se tranquilizaron, pero una sonrisa maliciosa en la profesora les hacía sentirse mal. La profesora camino hacia una de las puertas, haciéndoles señas de que se acercaran.  Al llegar a la puerta, se volvió a ellos-Necesito que atrapen una serie de criaturas inofensivas. Duendecillos de Cornualles… azules, pequeños… inofensivos… los necesito para las siguientes clases de todos los años… y no salen hasta tener al menos 10 capturados…-dijo la profesora llamándolos. Ellos llegaron junto a ella, y la profesora abrió la puerta, y los empujo dentro de la habitación.

Aquella habitación era oscura y sombría. Dentro solo había una pequeña luz, y en el fondo se veían unos tumultos de unas figuras azules moviéndose. Dos jaulas abiertas de par en par cerca de ellos, donde se suponía, tendrían que atrapar a los animales esos.

–Leí de ellos en un libro de la biblioteca de mi madre, Dorietta. Un *Petrificus Totalus* los paraliza, y son presa nuestra.

–¿Petrificus qué?-preguntaba Lorcan.

–Mira… *Petrificus Totalus* grito Liuva, apuntando al puño de animales azules, y apenas les pego, todos se alborotaron. Empezaron a andar por todo el lugar como locos, atacando a Liuva y Lorcan con sus uñas filosas. Eran como cien, y ellos no sabían que hacer.- Petrifícalos…-gritaba Liuva, al mismo tiempo que repetía el hechizo de petrificación.

–*Petrificus Totalus*-gritaba Lorcan, y algunos duendes de Cornualles caían petrificados. Liuva gritaba y sacudía las manos, pegándoles a los duendecillos. Ambos gritaban como locos.

–Ahora… *Petrificus Totalus* agarra los que hay en el…*Petrificus Totalus* y los metes a las jaulas…-gritaba Liuva, atacando a los duendecillos que se le acercaban.

Lorcan se agachaba con la varita en alto, y agarraba puños grandes de duendecillos, y los metía a las jaulas. Atacaba a los duendes, y corría como loco, gritando aquel hechizo. Liuva bajo la guardia, y le empezó a ayudar a Lorcan. Al cabo de media hora, muy agitada, habían logrado atrapar la mitad de los duendecillos, y los demás se tranquilizaron. Lorcan y Liuva respiraban agitadamente, y estaban muy heridos. Lorcan tenía la cara llena de cicatrices, y la camisa verde toda rajada. Liuva también estaba muy herida, y su nueva sudadera estaba arruinada.

–Este castigo fue muy… terrible… Dios…-decía Liuva, que con la varita pronunciaba *Episkey* y detenía una hemorragia que tenía en la nariz, por culpa de un duendecillo que le pego en ella.

Los dos niños se pusieron de pie, y salieron la habitación. La profesora los vio, y se empezó a reír. Liuva se adelanto para decirle algo, pero Lorcan lo dijo primero.

–Cabe decir que este castigo lo sabrá el profesor… ¿eh, Slinkhard?

–El castigo iba a durar más semanas… quizás sea condescendiente de quitarles las otras semanas… con hoy basta…-decía la profesora, con tono muy tranquilo-Y el director sabe, no hay problema… Hoy, cuando estaba hablando con él, me dio la autorización, y llego Toothill… creo que por su entrometida llegada le va a costar al alumno Lovegood, otra semana de castigos… Para que aprenda a no meterse donde lo llaman. Retírense… y lo veo de hoy en ocho días, Lorcan Lovegood…-dijo la profesora, y les abrió la puerta con un hechizo, y ambos niños salieron.

El camino a la Sala Común fue eterno. Lorcan iba maldiciendo a la profesora por aquel castigo injusto que le dio la profesora. Estaba que le ardía la sangre, pero lo tomo con más calma cuando Liuva le dijo «Tranquilo, Lorcan… Yo te ayudare…». Estando cerca de las mazmorras, Lorcan observo a Lepus que iba hacia allá. Iba muy nervioso, y viendo a todos lados. Al llegar a la Sala Común, el pomo de encima en forma de águila les hablo.

–¿Para qué sirve el pus de bulbotuberculo?-pregunto con una voz aguda.

–Hay… no se…-decía Lorcan, frotándose la cabeza.

–Debes de saber, o no entras…-le decía de nuevo el pomo.

–Yo me la se… ¿»Curar Acné»?-dijo Liuva, y el pomo abrió la puerta de la Sala Común. Estaba vacía ya que eran más de las 12 de la noche.

Liuva se quedo un rato en la sala, pero luego se fue a dormir, deseándole buena noche a Lorcan. Lorcan quedo pensativo, pero el sueño le gano, y subió a la habitación a dormir un rato, ya que mañana tendría un día difícil.

Lorcan y los chicos se quedaron esperando a que los demás salieran de la habitación de Toothill, tirados en el suelo, y hablando sobre su visita donde la profesora, y sobre Lysander.

–¿Y porque crees que actúa así?-le preguntaba Ara, mientras cogía rocas del suelo, y se las tiraba a otros niños.

–Pues no se… esta raro desde…-decía Lorcan, que le quitaba las rocas a Ara, y las volvía a poner al suelo-…que estábamos en casa…

–¿Y qué les dijo Toothill?-preguntaba Jacob.-A mi me pregunto si seguía mejor del cuello desde la vez en que me ataco el Lazo del Diablo.

–Yo solo le pregunte porque Astronomía era una materia Opcional, y me respondió con un simple «Pregúntale al director… yo me pregunte lo mismo, pero no es mi asunto»… -decía Ara, agarrando otras piedras, pero las devolvía al suelo pues Lorcan le hacia una mirada amenazante.- Además le pregunte acerca del Expelliarmus en Defensa Contra las Artes Oscuras, y me dijo que ha habido cambios en las clases, por iniciativa del director, y aceptados por el Ministro.

–A mi sobre el castigo de la señorita Alberta… al menos me hizo sonreír un rato al decirme que disfrutaría esta clase…-decía Liuva, recordando que hoy en la tarde tendría, junto con Lorcan, castigo.

–A mi algo parecido… miren, ya están llegando los Slytherin…-decía Lorcan, y señalaba al grupo de niños de primero que se acercaban al lugar.

Los cuatro niños se pusieron de pie, y empezaron a entrar a la carpa, como lo hacían los demás niños. Lorcan logro observar que a unas personas de ellos estaba el «primo» Albus Potter, riendo con otro grupo de amigos de Slytherin, entre ellos el niño Scorpius Malfoy, del que tanto su madre le había hablado durante su infancia, y también sobre su padre, Draco Malfoy.

Más allá, vio a Lepus Lestrange caminando junto a su amigo Tanthos. Iba moviendo la cabeza, como buscando a alguien, probablemente, a Lorcan, así que Lorcan se movió mas lejos que el, al otro lado de sus amigos. En ese momento, todos se acomodaron alrededor de la tarima, y en ese momento salía la profesora Toothill, con su sombrero peculiar, y su sonrisa de siempre.

–Bueno, ahora si… Todo un día oyendo niños, sus problemas y…-decía moviendo las manos con una sonrisa nerviosa-…pero en fin, ahora demos inicio a la clase…-decía, y se volvía, y de nuevo, viendo a sus alumnos con una sonrisa.-Buenos días alumnos de Ravenclaw, y Slytherin… soy su profesora Kathleen Toothill… Este…-decía señalando el sombrero extraño que llevaba. La profesora hablaba muy entrecortado.-… es un sombrero ancestral. Perteneció a mi tatarabuela, Alberta Toothill, una de los mejores duelistas de todos los tiempos. Gano muchos…mmm… torneos mágicos, incluyéndose la Competición Inglesa de Duelos Mágicos, venciendo al favorito, Samson Wilbson… Wilson, disculpen…

–Wiblin…-decía Liuva, corrigiendo a la maestra. Esta la volvió a ver, como que no oyó, y Liuva repitió.- Wiblin, Samson Wiblin.

–Ah, si, exacto… 10 puntos para Ravenclaw…-decía la profesora, con una sonrisa nerviosa, y volvía otra vez a ver a sus alumnos. Luego, con su varita, dijo las palabras *Accio Papeles* y de su oficina salieron volando una serie de papeles. Empezó a leerlos, y empezó a hablar.-Duelos Mágicos… son un gran deporte amistoso, que en algunos casos pueden llegar a ser peligrosos, incluso que se dé presencia de la muerte. Tienen normas y condiciones… que se las diré enseguida…-decía, y botaba los papeles al suelo, y empezaba a hablar.-Deben de disculpar mi comportamiento… estoy un poco nerviosa al ser mi primera clase…-Lorcan veía a Lepus, que estaba viendo a la profesora, e igualmente veía a Scorpius y Albus, que se burlaban de aquella profesora. Daphne estaba sentada en el suelo, hablando con su amiga.-Estas serán las reglas con las que regiremos esta clase, que son Duelos Simples. Primero, debe haber un árbitro neutral, y dos fiscales, uno de cada duelista. Primero se ponen cerca cada uno, y hacen una reverencia, así…-decía la profesora, inclinando su cuerpo en forma recta.-Luego, se vuelven, y con la varita abajo, caminan hasta el fondo del campo, y al llegar al fondo, se vuelven, y se ponen en posición.-La profesora levanto su varita, apuntando al cielo.-Y se espera la instrucción del árbitro, y…-de su varita, un rayo de colores extraño salió, pegando al techo, y así creando un juego de pólvora y luces. Todos los niños lo veían asombrados.-En esta clase, como somos muchos alumnos, y no todos pueden participar, iremos pasando en orden de lista, dos niños por turno, haciendo un Duelo…

La profesora Toothill se devolvió a su oficina, y duro ahí unos minutos, en los cuales los niños empezaron a hablar. En eso, una voz mas fuerte se empezó a oír en la oficina, y segundos después, de la oficina salieron la profesora Toothill, y la profesora Alberta Slinkhard, hablando y regañando.

–¿… y de que se trata todo esto?-decía, sacudiendo las manos.

–Niños…-dijo dirigiéndose a los niños.-Antes de que se termine la clase, que va a ser muy pronto, voy a hacer un duelo de ejemplo. La profesora Alberta Slinkhard nos ayudara en el ejemplo.

–¿Un duelo, con usted? Yo la dejaría en el suelo en un dos por tres… niña insolente…-decía la profesora Slinkhard, y la profesora Toothill sonreía.

–Ya veremos…-dijo en voz baja, y a Lorcan le pareció que les cerro un ojo a Liuva y a él, y se acomodaron ambas en la tarima.

En una distancia cerca, ambas hicieron una reverencia muy pronunciada, con la varita abajo.  Luego, volviendo a su posición, ambas se vieron con ojos profundos, y se dieron la vuelta, varita abajo, y empezaron a caminar en direcciones contrarias. Al llegar ambas a los otros lados, se volvieron, y levantaron la varita. Ambas se vieron, y Toothill sonrió.

–¿Lista?-dijo la profesora de Duelos.

–Por supuesto…

–Pues entonces… ¡DUELO!…-grito la profesora, y cambiando drásticamente su posición, grito *Expelliarmus*.

–*Protego*-grito la profesora Slinkhard.

–*Confundus*-grito la profesora, sin dejar que Slinkhard se preparara.

–*Flipendo*-grito, y ambos hechizos chocaron, produciendo un acto de luces, el cual se desvaneció.

–*Stupefy*-grito Toothill, dando en el blanco, echando para atrás a la profesora Slinkhard, y dejándola en el suelo inmóvil.-*Expelliarmus*-grito, y le dio en la mano, de donde su varita salió volando. La profesora tenía el pelo alborotado. Su pequeña figura la hacía ver como una niña sin madre. Todos los niños se rieron a carcajadas, aplaudiendo a la que, al parecer, gano el duelo. La profesora Slinkhard, con una cara de loca, se fue hablando sola, y salió por la puerta. Lorcan y Liuva se sentían al menos mejor, por su castigo de ese día.-Y antes de que se vayan, me pidieron decirles a todos los alumnos que recordaran acerca de que es prohibido andar por el Bosque Prohibido, y por el pasillo del Tercer Piso…

En su pequeño descanso, decidieron quedarse alrededor del lago a charlar un rato. Lorcan y los chicos hablaban, y buscaban peces a la orilla del lago. Ara empezó a hablar, agarrando peces.

–¿Vieron El Profeta estos días?-dijo, y como nadie le respondió, siguió-El «algo» de Lepus Lestrange, Rodolphus, sigue en libertad, después de que se diera una persecución contra él y otros mortifagos… Al parecer traman algo… eso dice El Profeta…

–¿Tu crees?-decía Lorcan.

–Yo sí, pues ellos no se quedarían así, después de la caída de su señor… pero ya no tienen nada que hacer…-decía Jacob.

–Aunque quizás tendrían algo por resolver… o no se…-decía Liuva.

–A mi «tía» le contaron algo acerca del her… -decía Liuva, pero se detuvo al observar el reloj de mano que llevaba-Miren la hora, se nos hace tarde para Encantamientos.-Los cuatro se pusieron en pie, y salieron corriendo dentro del castillo.

Llegaron rápido a la clase de Encantamientos, donde la profesora Lavender Brown los estaba esperando. Una chica ya mayor, con ojos claros, y cabello castaño oscuro. Ellos tomaron asiento cerca del pupitre de la profesora, y así empezaron la clase. Ese día compartían con Hufflepuff, donde Lorcan pudo distinguir a su hermano Lysander, con sus otros dos amigos.

–Buenas Tardes alumnos, soy Lavender Brown, su profesora de Encantamientos, supliendo al profesor Flitwick, que está en sus vacaciones…-decía, y todos los alumnos respondían.-Yo fui alumna del profesor, y ahora, soy su suplente… Empecemos.

Ese día nos enseño a hacer un hechizo sencillo. Era el hechizo del Alohomora. Ella lo explico como»el hechizo que te ayuda a abrir puertas, cuando no puedes abrirlas manualmente». Era tan fácil como señalar con la varita una puerta, o algún cerrojo, y pronunciar las palabras *Alohomora* y esta se abrirá.

–Ahora, inténtelo ustedes…-dijo, y con un movimiento de varita, hizo aparecer unas pequeñas puertas al frente de cada niño, y empezaron a practicar. Al momento, la clase se lleno de *Alohomoras*

–Lo estás haciendo mal, Jac…-le decía Liuva a Jacob, que este estaba pronunciando *Aholomora*-Es Alohomora…-le decía, mientras Jacob asentía, y lo intentaba de nuevo.

–Este es un hechizo útil, ¿Cierto, Lorcan?-le decía Ara a Lorcan. Lorcan hasta ahora había notado que Ara estaba peinada de lado, con la cola de un lado, y colochos de otro. A Lorcan le gustaba como se veía.

–Pues si… si la puerta no está sellada con algún Encantamiento Mágico…-decía la profesora Brown, acercándose a ellos, oyendo la conversación.-¡No, niño, así no se agarra la varita!-grito la profesora, al ver que Rodmiro MacFarlan estaba agarrando su varita al revés, pronunciando el hechizo. Rodmiro siempre se sentaba solo, lo que a Lorcan le daba lástima.-Y Fred Weasley, no uses eso en clase-le decía a Fred, quien, con sus amigos Arthur, y Rudy estaban con una caja de Sortilegios Weasley, llena de Ranoespinillas (ranas de chocolate que provocaban espinillas compulsivas).

Al final de la clase, los chicos salieron felices, ya que lograron abrir sus puertas correctamente, a diferencia de Rodmiro, que solo se quemo su camisa, al agarrar mal la varita, y pronunciar mal el hechizo. Fred paro a la dirección, dejando a Ravenclaw con 20 puntos menos. Lorcan y los demás fueron al Gran Comedor a almorzar. Estaba ya muy lleno, y los chicos no pudieron agarra campos juntos, así que se sentaron por separado. Liuva tuvo que sentarse junto al Equipo de Quidditch, con la capitana, Mónica Vanderbilt, la cual era una muchacha de 6º año, rubia, y muy simpática. Jacob se sentó junto a un joven que le llamaban Dago Wagstaff, que era un chico de alta estatura, de los más populares de Ravenclaw.  Ara estuvo en su almuerzo con Rodmiro, y Fred, Arthur y Rudy, que empezaron a juntarse con Rodmiro, después de que se ganara un castigo por regalarle una Ranoespinillas al celador, Filch. Lorcan, en cambio, se sentó junto a las chicas mas lindas de Ravenclaw, entre ellas Bridget Applebee, que era de pelo negro, con ojos achinados, y una gran sonrisa. Su almuerzo fue rápido, ya que paso escuchando a Bridget hablar, y a veces veían a Lorcan, y hacían suspiros, diciendo cosas como «Que niño más tierno…» o, «Que pelo mas re-lindo». Al terminar el almuerzo, Lorcan fue, sin sus amigos, a la clase de Transformaciones, ya que los perdió de vista.

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