Apenas entraron los 3 otros niños, aquel compartimiento quedo en un silencio sepulcral, a pesar del sonido que hacia el MP3 que tenia aquella niña que entro gritando al compartimiento (y sus gritos, al corear las canciones de Los Brujillizos). El otro chico estaba sentado, viendo a todos-ya que nos sentamos Jacob, Ara y Lorcan en un asiento completo, y los otros tres frente a ellos- y movía los pies como tonto. La otra niña, que estaba en la esquina con su pelo extraño, estaba haciendo figuritas en el espejo empañado por el vaho del frió de las afueras del Expresso. Al fin, Lorcan rompió aquel silencio.–¿Y como se llaman?-dijo este, pero nadie le puso atención.

–¿Dijiste algo?-pregunto Ara, y Jacob empezó a hurgarse el oído, haciendo como si no había oído algo.

–¿Como te llamas, amigo?-pregunto aquella loca chica, que guardo el MP3, que se quedo sin baterías.

–¿Yo?-pregunto Lorcan, y al ver que ella asentía, respondió.-Yo me llamo Lorcan.

–Mucho Gusto, Lorcan, nosotros somos Candy, Abraham…-dijo señalando al niño de los pies extraños.-…y Liuva-señalando a la niña del vaho. Los dos distraídos volvieron a ver, y saludaron.

–Pues ellos son Ara, y Jacob-dijo Lorcan señalando a sus nuevos amigos.

A partir de ese momento, empezaron a romper el hielo, y a hablar de su nuevo año en la Escuela Hogwarts. Los seis de aquel compartimiento iban para 1º año en Hogwarts, y los seis eran hijos de magos.

–… nos vinimos a este compartimiento, pues llegamos tardísimo…-dijo Candy, que era la chica que mas animaba aquel lugar.-…y nos metimos a un compartimiento, donde habían nada mas dos chicos… pero aquel lugar parecía un cementerio de noche.-todos reímos. Candy hablaba de una manera gritada, pero vacilona.

–Es cierto, esos dos niños eran tétricos.-decía Abraham, moviendo de nuevo sus pies, los cuales les podía dar la vuelta entera sin moverse, como si no tuviera huesos. Abraham se veía buena gente, y su tono de voz era calido.

–Si, eran dos, y uno tenia como cara horrible… me daba miedo solo el hecho de mirarlo… tenia cara intimidadora… creo que me se su nombre…-dijo la otra chica, Liuva, la cual tenia una voz pasiva, y un vocabulario un poco avanzado. Lorcan les había contado a Ara y Jacob de su experiencia en San Mungo, y aquella “cara intimidante” solo podía ser el.

–Creo que se quien es…-dijo Lorcan, y les contó la historia de San Mungo, y sus ganas de pegarle, y de cuando lo vio en el compartimiento.

–Deben ser los mismos… pero ese chico se me hace muy familiar…-decía Candy, haciendo cara de pensativa.

Siguieron conversando, y al cabo de una hora, ya eran muy amigos, y empezaron a hablar del tema que todo niño temía: las casas.

–Yo suplico que me toque en Gryffindor… es la mejor casa.-decía Candy, poniéndose de pie, y brincando.

–Yo no se en que casa me tocara… la verdad, en cualquier casa uno se adapta… pero seria bueno en Slytherin.

–¿Y porque en Slytherin?-pregunto Ara, consternada.

–Porque ahí pertenecieron mis tíos, Alecto y Amycus Carrow.-dijo Abraham, con una sonrisa en su boca.

–¿¡Eres sobrino de los Carrow!?-preguntaron Ara. Jacob y Lorcan.

–Si, soy Abraham Carrow… pero mis tíos ya tienen lo que se merecen, y se lo merecen… no se preocupen…-y todos rieron, quizás ocultando el hecho de que se juntaban con un familiar de algún mortifago.

La conversación siguió tranquila. Candy, Abraham y Liuva se conocían, pues fueron los últimos tres en llegar, ya que viajaban en el Autobús Noctámbulo, y este se averió en medio Londres. Dicen que si no fuera por suerte, alguien les aviso que los esperaran.

–¿Tienen hambre?-pregunto Candy, y todos asintieron con la cabeza, así que Candy salio al pasillo, y a los 2 minutos regreso con mucha comida.-Tuve que hacerle una pequeña escena a la del carrito, pues se quedo hablando con unas niñas de 2º año…

Ya a los pocos minutos, anunciaron que se estaba aproximando a la estación de trenes en Hogsmeade, y que se fueran poniendo las túnicas, Empezaron a ponerse la túnica, y Lorcan se puso de pie, a recoger su micropuff, pero al ver la jaula, noto que no estaba. Se puso histérico, y empezó a buscarla por todo el compartimiento.

–Debió de salir cuando Candy abrió la puerta para traer comida…-dijo Liuva, que se puso de pie, y su pelo, raramente, cambio de color, a un morado claro, y antes de que dijeran nada, ya que todos se le quedaron viendo, agrego-Si, soy metamorfomaga.

Lorcan salio rápidamente del compartimiento, agachado, buscando su preciado micropuff. Busco en todos los pasillos, y compartimientos, y pensó en una buena idea. Paso al lado del compartimiento del niño que lo empujo en San Mungo, e iba saliendo del compartimiento, por lo que le obstruyo el paso.

–¿Me das un permiso… ando buscando mi…?-decía Lorcan, a aquel niño.

–Es divertido como ver caras conocidas… ¿me volverás a estorbar, niño Lovegood?-decía el niño, con una voz no tan grave, pero si intimidadora.

–De esta no pasas…-pensó Lorcan, y con la furia en sus venas, camino como si nada, y al pasar al lado del niño, unas chispas salieron de su contacto, y el niño de San Mungo cayo a un lado, como empujado por una ráfaga de viento. Lorcan siguió su camino, mientras oía a su otro amigo diciéndole -Hey, ¿estas bien?-y oía los murmullos del niño pronunciando -Me las vas a pagar…-.

Lorcan se sentía feliz, ya que logro enfrentarse a aquel niño que tanta cólera le dio en todas sus vacaciones, y además porque encontró a su micropuff en un compartimiento de puras niñas, donde el pobre micropuff estaba pintado y vestido, y lo iban a poner a besarse con otro micropuff rosado. Lorcan lo salvo justo a tiempo, y volvió a su compartimiento, tratando de ocultarse de aquel niño.

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