[NOTA: Perdonen por la tardanza del capitulo… entre al colegio reciente, y estoy adaptandome al horario…  es un capitulo pequeño, pero entretenido… Gracias a todos los que comentan… y acerca de mi repeticion de palabras… hay personas que lo ven mal, pero para mi es mi manera de escribir… y para mi no es malo 😉 Sigan comentando, y esperen un capitulo mas largo para la proxima] 

A la pura mañanita, Lorcan se levanto repentinamente de su cama. Vio que su hermano no reacciono, pero aun así, Lorcan se levanto, se puso sus pantuflas de hipogrifo, y bajo corriendo las escaleras. No había nadie levantado, y las cobijas de su tío Kurt, que había dormido la noche anterior ahí, seguían desacomodadas. Lorcan subió de nuevo las escaleras, y en ese momento, Demetria iba bajando también.

–Me pegaste un gran susto…-dijo la tía, cuando ambos bajaron a servirse el desayuno-Pensaba que había sido un ladrón, o que tu abuelo salio de su habitación en el Ático…

–Pues mama dijo que hoy iríamos con los chicos a comprar las cosas para Hogwarts… pensaba que ya nos iríamos…-respondió Lorcan, con bajos ánimos.

–Pues anímate… tu mama no va a ir, ya que se quedara cuidando al abuelo Newt, y yo los acompañare a los dos al Callejón… Harry nos vendrá a recoger, y pasaremos a casa de Neville, para que Hannah nos lleve al Caldero Chorreante…

Al llegar al Caldero Chorreante, Demetria, junto con los gemelos Lovegood, Albus, James, y los demás Weasleys entraron a la parte trasera, y les dejo al descubierto el gran pueblo mágico del Callejón Diagon. Todos los niños, al llegar, salieron espantados con sus respectivos padres, para comprar útiles, calderos, y para los nuevos, sus varitas. Demetria iba con los gemelos, así que fueron de primero donde el señor Ollivander.

Al entrar al negocio, Ollivander los saludo con una grata sonrisas, y vio a los gemelos Lovegood con ojos sorprendidos.

–Son los pequeños de… Rolf…-pregunto Ollivander, y los niños asintieron con la cabeza-Pues enhorabuena… increíble sus diferencias… hay hermanos gemelos que por lo menos se parecen al mínimo…. pero estos no se parecen en nada… increíble… empecemos con… ¿Cual es tu nombre, pequeño?-le pregunto, dirigiéndose a Lysander, que muy tímida y suavemente le respondió.

–Lysander, señor…

–Pues empecemos… empezaremos probando una varita de…. Espino… nervio de dragón… perfecto-y diciendo esto, se fue para la bodega, y volvió con una varita alargada café, con manchitas oscuras.

Lysander agarro la varita, y con un movimiento de muñeca, un rayo salio de ella, y pego al estante, que se veía que estaba muy quemado por las miles de varitas que atacaban ahí.

–Excelente, Lysander… casi ningún niño tiene varita a su primer intento… Ahora vamos con la pequeña Luna…

–Lorcan…

–¿Disculpe?-dijo Ollivender, que había oído a Lorcan hablar.

–Me llamo Lorcan-dijo mas duro.

–Ah, pequeño Lorcan, acércate al mostrador… veremos que te doy…

Lorcan paso ahí al menos una hora probando de todas las varitas. Unicornio, dragón, fénix, y muchos más. Al final, Ollivander, ya cansado, se empezó a preocupar.

–Solo que necesite la varita de… no… no no no… jamás… una varita de… no… sigamos probando, aunque nos de toda la tarde…

Lorcan probó unas 3 más, y esas últimas tres terminaron de destrozar el mostrador, y parte de la pared del señor Ollivander.

–Este niño sufre de algo… ningún niño dura tanto en esta tienda… su poder debe ser inmenso, o muy corto de fuerza… no se sabe con certeza…. prueba con esta…-le dijo Ollivander, y saco de una caja una varita muy hermosa. Era de color café claro, con unas rayas de un rojo oscuro brillante.-Esta varita es, sin lugar a dudas, una varita extraña… Madera de Roble… núcleo de unicornio… esta solo tiene la mitad del núcleo de unicornio de lo que debería de tener… pero aun así, es muy poderosa… Un personaje de la historia uso esta varita, aunque con diferente núcleo, pero hizo milagros poderosos con esta misma… no recuerdo su nombre… pero tenia mucho poder… intenta con esta…

Lorcan la agarro, la miro, y señalo al mostrador. De su varita empezó a salir chispas de miles colores, chispas verdes, rosadas, amarillas, anaranjadas, rojas, y un rayo luminoso pego sobre la pared que sostenía las escaleras. El rayo poderoso destruyo aquella pared, y unos estantes.

-Gracias a Dios… -dijo Ollivander.

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