Lorcan, con la varita de Rowena en su mano, se volvio. Dormiteus Vector estaba en la puerta, con su varita y sonriendo. Lorcan sonrió y una alegría le invadió su cuerpo. Muchos profesores entraron poco a poco a la habitación, y uno de ellos llevaba a alguien agarrado del pelo. Christian Lestrange estaba inconciente, y estaba siendo sujetado por Kathleen Toothill.

–Y pensaron que nos iban a vencer con la mejor duelista del planeta.-decía su tío Kurt, que estaba lleno de sangre.
–Pero como…-decía Lepus, que no se lo podía creer. Saco de su bolsillo una piedra, y la tiro en un costado de la tarima, y se bajo corriendo.-Ataquen, buenos para nada…

Todos los mortifagos se pusieron frente a los profesores, y con sus varitas en alto, empezaron a atacar. Era una batalla muy fuerte, y muchos rayos de colores rojos y verdes salían volando por toda la habitación.

–Corre el espejo a un costado…-le dijo Liuva a Jacob. Jacob salio corriendo, y lo mando a un costado.
–Tu no escaparas, Lepus…-dijo Lorcan. Lepus ya se estaba preparando para escapar, pero se detuvo.
–¿Sabes algo? Nunca me imagine que alguien tan incompetente como tú fueras el Heredero de Ravenclaw…-dijo Lepus, que se acercaba lentamente hacia donde estaba Lorcan. Sus amigos estaban detrás de el, preparados para atacar.-Quizás hayas ganado esta pequeña batalla… pero la guerra no…
–Si no te has dado cuenta… la batalla aun no termina…-dijo Lorcan, que por primera vez estaba muy furioso.-Desmaius-grito Lorcan, y un rayo salio de la varita de Lorcan, pero no era un raro corriente: era un rayo multicolor, que iba muy rápido. Apenas choco contra Lepus, salio volando hacia atrás, hasta pegar con la cama de Ravenclaw.
–Increíble, Lorcan. Esa varita te dará el gane en todos los duelos.-decía Jacob, con cara de tonto.
–Eres un desgraciado, Lorcan…-dijo Lepus, que se volvía a poner en pie.-Pero no creas que con esa varita tienes todo el poder… No defraudare a mi abuela, ni mucho menos al señor Oscuro…
–¿No te das cuenta? No puedes hacer nada más. Esta varita es, como tú dijiste, más poderosa que cualquier otra persona.-decía Lorcan. Cientos de rayos salían todavía por toda la habitación, destrozando los azulejos.
–Si, pero no solo hay una varita poderosa…-Lepus saco su varita.-Expelliarmus.
–Impedimenta-grito Lorcan, y el hechizo desapareció en un abrir y cerrar de ojos.-Expelliarmus.-grito Lorcan, y la varita de Lepus salio volando, y se metió en medio de la lucha entre mortifagos y profesores.-Estas indefenso…
–Creo que esta vez ganas, Lovegood…-decía Lepus, mientras observaba donde estaba su varita.-…pero en la próxima batalla… será mas justo, ya que tendré un poder igual al tuyo… nada mas espérame…
–Esta bien, Lepus Lestrange… nos vemos hasta entonces…
–¿No lo vas a matar, ni a petrificarlo?-le pregunto Jacob de donde estaba.-El puede ser tu peor pesadilla…
–Quizás tengas razón… pero no tengo la mínima intención de matar a alguien… -decía Lorcan, mientras que Lepus sacaba de su bolsillo un artefacto extraño, que exploto, creando una gran nube oscura de humo en toda la habitación.
–Vámonos ya…-grito un mortifago, y Lepus se les acerco inmediatamente. Hubo una desaparición múltiple, y al cabo de unos segundos, no había ni humo, ni mortifagos.

Todos los profesores estaban cansados, y algunos se tiraron al suelo. Otros estaban dándole ayuda al profesor de Runas Antiguas, que había sido atacado con un hechizo paralizante. Kathleen Toothill, profesora de duelos, se les acerco lentamente a Lorcan y sus amigos. Tenía una sonrisa en su rostro.

–No tengo idea de lo que ocurrió aquí, ni como lo hicieron, pero estoy muy orgullosa de ustedes. Fue increíble todo lo que hicieron…
–¿Hay gente… muerta?-preguntaba Ara.
–Hay muchos cuerpos a lo largo del segundo y tercer piso, pero ya verificamos que ninguno estuviera muerto… A pesar de que desobedecieron la orden de no moverse del Gran Salón… fue un acto heroico, y fue un plan perfecto.
–¿Qué fue lo que paso con ustedes?-pregunto Liuva.
–Nosotros sabíamos que iba a pasar algo, debido a varias noticias del avistamiento de mortifagos por todo el área. Nos asustamos mucho, y decidimos prepararnos. Dormiteus decía varias tonterías acerca del Heredero de Ravenclaw, y el director no le hacia caso…
–Pues al fin y al cabo no fue tanta tontería… -decía Lorcan.
–Ya lo se… al oír el estruendo, corrimos al lugar, y varios mortifagos corrían hacia el 3º piso. Pudimos detener a algunos, y nos costo mucho deshacernos de ellos, pero lo logramos.
–…y subimos inmediatamente al 3º piso, guiados por Dormiteus…-dijo la profesora Slinkhard, que se acercaba donde ellos estaban.-¿Qué paso acá? ¿Cómo sobrevivieron?
–Sobrevivimos gracias a la ayuda del Heredero de Ravenclaw-dijo Ara, y volvió a ver a Lorcan.
–Increíble… sencillamente no entiendo como pudieron hacerlo… y no puedo creer que seas el Heredero de Ravenclaw… quiero decir… ¿Un niño de 11 años?-decía el profesor Libatius.
–Debo de felicitarlos a ustedes cuatro… valientes jóvenes…-decía el director, que estaba herido en una pierna.-Gracias a ustedes seguimos acá, y seguimos con vida… si no los hubieran frenado, Lepus Lestrange estaría con la varita de Rowena, y quizás no estaríamos vivos.
–Y creo que me debes una disculpa, Victor…-empezaba a decir la voz del profesor Vector.-Pues al parecer, el que nos salvo fue nada menos que el Heredero de Ravenclaw…
–Tienes razón, Dormietus… te debo una disculpa…
–Y disculpa aceptada… ahora si, creo que necesitamos mucha ayuda para todos los alumnos caídos.-decía Dormiteus, y todos los profesores empezaban a salir de la habitación.
–¿Te quedas acá?-le pregunto Jacob a Lorcan.
–Creo que si… quizás un momento…

Sus amigos se retiraron de la habitación, dejando solo a Lorcan y a aquel espejo. Lorcan no sabia que pensar. Ya todo había acabado, pero solo por aquella noche. Tuvo la oportunidad de matar, o encerrar a Lepus, pero no lo hizo… Aquella habitación había quedado hecha añicos. Muchos azulejos estaban rotos, y otros estaban manchados por los hechizos.

–Creo que destruí tu habitación… y quiero pedirte disculpas…-empezaba a hablar solo, pero sabia que en algún lado de aquella habitación, debía de seguir Rowena.

Al no oír ninguna respuesta, empezó a dirigirse a la tarima donde pocos minutos antes, había estado Lepus. Subió cuidadosamente los escalones, y llego a lo más alto de la tarima. Era muy bonita. Tenía un pequeño lago en el centro de ella, donde seguramente estaba la varita. Lorcan miro todos los rincones del lugar, pero en una esquina vio algo brillante. Lorcan se acerco, y miro la famosa Piedra de Resurrección. Era una piedra brillante, con un símbolo en esta. Lorcan intento probarla, y de aquella piedra salio una de las personas que más extrañaba. Su padre, Rolf Scamander, estaba ahí, en forma traslucida, sonriéndole. Lorcan intento abrazarlo, pero no pudo, y se puso a llorar en aquel lugar.

–No tienes porque llorar, campeón… Hoy hiciste algo muy valeroso… estoy muy orgulloso de ti…
–Te extraño mucho papa…-decía Lorcan, y mas lagrimas salían de sus ojos.
–Yo también los extraño mucho. Si ves a tu madre, dile que la amo, y dile a Lysander que no sea tan presumido y odioso.-Lorcan empezó a reír entre sollozos, y vio a su padre desaparecer poco a poco.
–Solo quiero decirte una cosa…-sonó una voz de detrás de Lorcan. La figura de Rowena Ravenclaw estaba detrás de el, tocándole el hombro.-Nada termina acá… y debes de saberlo muy bien… Lepus tiene mas poder del que tu imaginas… y quizás no todo salga como planees, pero se que mi descendiente hará lo que sea por proteger a su mundo… te deseo mucha suerte… y nos vemos muy pronto…-y también desapareció.

Lorcan se quedo sentado, esperando que alguien más saliera a decirle algo, pero sabia que no deseaba ver a nadie mas.

–Creo que debes de darme esa piedra… ya ha causado muchos problemas, y es mejor quemarla, o deshacernos de ella.-el profesor Dormiteus había entrado a la habitación, y se acerco rápidamente a la tarima, donde estaba Lorcan.-Creo que ya viste suficiente…-y le quito la piedra.-Ahora si, dime… ¿Qué quieres saber?
–¿Qué es ese espejo?-pregunto Lorcan, señalando aquel espejo, pero no levantaba la cara, ya que seguía sollozando.
–Ese espejo es el Espejo de Oesed… te muestra lo que tu mas deseas… es de gran magia, y fue creado por el increíble Gryffindor… Quizas tu hayas visto mucho esta noche en ese espejo… Yo lo primero que vi al mirarme en el espejo fue, extrañamente, a Rowena protegiendote…quizas era lo que mas deseaba en aquel momento…
–Yo… vi lo mismo, profesor…-decia Lorcan, sorprendido, pero sin subir la cabeza.
–Pues deseabamos lo mismo. Tu proteccion. Eres muy valiente en haber enfrentado a Lepus asi…
–¿Usted sabia… que yo era el Heredero de Ravenclaw?
–Por supuesto que no, Lorca. Si lo hubiera sabido, ya hubieramos protegido esa varita…
–¿Y cual es la razon de que usted… me dijera todas esas cosas extrañas?
–Quizas no es momento de que sepas la razon del porque tantas advertencias… es mejor que ese tema se hable otro dia… ¿De acuerdo?
–¿Qué pasara ahora?-dijo lorcan, ignorando lo que le habia dicho Dormiteus.
–Lo que paso hoy, nada mas nos demuestra de que otra guerra empieza. Quizás esta vez no con el mago mas tenebroso del mundo, pero es una guerra. Empezó muy tranquila, pero sabemos que no pararan, y Rowena es muy sabia. Lepus puede llegar a ser muy poderoso… ¡Es el nieto de Lord Voldemort!
–¿Eso quiere decir que habrá que luchar mas?
–Eso quiere decir que tú no tienes que rendirte, y tienes que defender tu mundo.
–¿Cómo usted sabe todo esto?-preguntaba Lorcan.
–Digamos que soy muy bueno en Aritmancia…-y el profesor empezó a reírse.-Todos están muy bien, y no hay heridos de gravedad.
–En estos momentos tengo mucho miedo de lo que pueda pasar…
–Por ahora, no te separes de tus amigos… y yo te ayudare a enfrentar todo esto… no te preocupes… Prométeme que no volverás a entrar a este lugar… a menos que sea una emergencia…
–Creo que… se lo prometo, profesor Dormiteus…
–Perfecto… entonces vamos a la enfermería, quizás necesites un poco de aire…

–Máxima Incárcero-grito la misma voz, antes de que los niños se volvieran. De su varita salio un sinfín de cuerdas, directamente hacia ellos. Ara, Liuva, Lorcan y Jacob fueron expulsados mas allá del espejo, llegando a las faldas de la tarima.-Wingardium Leviosa-Lorcan y sus amigos estaban mareados. No podían ver nada, y lo único que percibían era varios cuerpos entrando a la habitación, con capuchas negras, y otros -extrañamente- entraban volando.

A los pocos segundos de estar atrapados en una red de cuerdas, y estar inconcientes, Lorcan abrió los ojos. La habitación, aunque era como un Palacio brillante, ahora estaba oscuro. No había claridad ni armonía, y no había reflejos ni luces. Ahora era plena oscuridad, y un sentimiento de maldad. Varia gente entraba, y otras hablaban y reían. Liuva estaba junto a el, y tenia su varita en mano, y sus ojos cerrados. Lorcan sentía que le faltaba el aire, ya que las cuerdas le apretaban.

–Sácanos de aquí…-grito Ara. Sonaba que también le faltaba el aire.
–Calla tu sucia boca, pequeña Black-decía una voz chillona, y malvada.
–Usa la cabeza, Bella, ¿no ves que es una pequeña descendiente tuya?-decía otra voz mas sombría.
–Dejen de discutir ustedes dos… ¿No ven que atormentan a la pequeña carnada?-decía otra voz irreconocible.
–Lorcan…-le decía una voz cercana a el. Liuva abrió los ojos.-Necesitamos salir de acá…-le decía en susurros.-…pero no se que hacer…
–Al contar a tres…-decía Lorcan, que intentaba sacar su varita del bolsillo.
–Solo inténtalo, maldito…-gritaba la voz chillona de antes.
–¿Qué me vas a hacer? Eres un maldito fantasma…
–…quemamos estas cuerdas-dijo Lorcan, que ya tenia su varita en alto.-1… 2… ¡…3…! INCENDIO-gritaron los dos niños juntos, y una llamarada empezó a salir de sus varitas.
–Aguamenti-grito Ara, y un chorro de agua salio volando al techo, y bajo directamente donde estaban Lorcan y Liuva, dejando un hueco en la red.
–¿De donde aprendiste eso?-le pregunto Jacob.
–Mi tía lo usaba cuando se le empezaba a quemar la cocina… Muy útil cocinar con ella, después de todo.

Los cuatro niños salieron de la red, con la varita en alto. Lo que vieron fue muy terrible: habían al menos 5 encapuchados, con unas mascaras terroríficas, los cuales eran mortifagos del antiguo Señor Oscuro. Había varios cuerpos en el suelo, los cuales Lorcan identifico como Albus y Rodmiro. Y algo aun más extraño: habían al menos 10 fantasmas volando por toda la habitación, pero un solo fantasma fue el que mas impacto a Lorcan. Era alto, flaco, y tenia un rostro como de serpiente, blanco y demacrado, y unos ojos como de rendija, terroríficos. El cuerpo de Lord Voldemort en forma de fantasma estaba postrado arriba de sus cabezas, junto a una señora, la cual identifico Lorcan como la voz chillona que sonaba.

–Muy bien, Lorcan Lovegood… Tus refuerzos no pudieron detener a nuestro ejército de Mortifagos. Muy ingenioso, pero no te funciono…-decía la voz ronca que habían oído minutos antes.
–Sabia que ibas a estar acá, Lepus…-dijo Lorcan, que se hacia para atrás, y volvía a ver a la tarima. Sus amigos los siguieron, y se postraron en el centro de la habitación, junto al espejo. Inmediatamente, los mortifagos los rodearon.-No dudaba que ya sabias, pero pensaba que serias un poco… como decirlo… rápido.
–Cállate Lovegood. Al fin y al cabo, cumplí mi cometido… Y no era broma lo que mi padre quiso decirme…Aunque no pudo estar presente para ver como el Heredero de Ravenclaw se va al mismo camino que su antepasada.
–¿Dónde esta tu padre?-pregunto Lorcan, con duda.
–Veras que tus profesores son muy molestos… pero están controlados…
–Hay algo que no entiendo… ¿Cómo rayos esta ese hombre acá?-pregunto Lorcan, señalando a Lord Voldemort.-¿Y como rayos estas tu aquí?
–Sabía que ibas a preguntar eso tarde o temprano… Creí que eras ingenuo, Lorcan… eres descendiente de la más inteligente del Mundo Mágico… o la que era más inteligente…
–Veras, “Heredero de Ravenclaw”-decía Bellatrix Lestrange, que volaba por toda la habitación.-No quiero darte explicaciones de nada, pero quiero que entiendas de una vez por todas de que mi nieto es mas astuto que tu. Años atrás…-contaba Bellatrix, que de vez en cuando se reía sola.-tuve un hijo… el cual vivió por mucho tiempo en un orfanato, ya que el no podría ir a la cárcel junto a nosotros… Creció, y se convirtió en una gran persona, y tuvo un hijo. Muchos de los planes que teníamos, yo se los comentaba a Christian, pero nadie sabia quien era su madre. Rodolphus también le hablaba, y le contaba de todo… era como el hijo que nunca tuvo.
–Nada de eso me explica porque rayos hay fantasmas acá… ¿no crees?-decía Lorcan, que empezaba a estresarse.
–Mi papa, después del descenso del señor Oscuro, nunca se rindió. Aunque todos dejaron de ser mortifagos, Christian, junto con mi abuelo Rodolphus, seguían intentando terminar lo que él quiso, pero un día, le mando un Legeremens a Potter…-decia Lepus.
–Es para leer mentes…-le dijo Liuva en susurro a Lorcan.
–Y extrañamente leyó una historia extraña, que hasta ese día era solo un mito para el: La Historia de los Tres Hermanos, y las Reliquias de la Muerte… Todo fue una luz para mi abuelo y mi padre. Los sonidos que oyeron Yaxley y Dolohov… debió de ser Potter con la capa… y la piedra… la bendita Piedra de Resurrección.
–¿La Piedra de Resurrección?-preguntaba Liuva, desconcertada.
–Una piedra que revive a la gente… Mi padre me dijo que la buscara en Hogwarts, por el Bosque Prohibido… sabia que Potter la había escondido ahí, y tendría que encontrarla, ya que necesitábamos a Bella para poder hacer lo que el Señor Oscuro nunca pudo…
–Dominar el mundo mágico…-se dijo así mismo Lorcan.-Eso era lo que hacías cuando estabas en el Bosque Prohibido… un poder que él nunca tuvo…
–Después del castigo, volví al Bosque Prohibido, y después de muchas noches metido en ese oscuro bosque, y después de ser atacado por miles de animales asquerosos… la encontré…
–Sabia que planeaba algo, pero no con exactitud que era…-decía Lorcan, y Liuva estaba llena de furia.
–Fue un muy buen plan… pero aun no entiendo que es lo que buscan…-decía Liuva.
–Cuando Harry Potter estaba en su quinto año de Hogwarts…-empezaba a hablar Lord Voldemort-se decía que yo y mi ejercito buscábamos un arma… lo que estabamos buscando era el arma que esta en esta habitación… pero en aquellos días nunca encontramos al maldito Heredero… asi que nos concentramos en la profecia…
–Ese era el plan que tenían… encontrar dicha arma y poder hacer lo que el nunca pudo…-concluyo Ara.
–Dime algo que no este oyendo…-le dijo Jacob en tono de burla, pero Ara lo ignoro.
–Un poder que el nunca tuvo… tiene sentido… ¿Qué arma es esa? Debe de ser algo muy poderoso… algo que supere el poder que tuvo Merlín, y del que tuvo el profesor Dumbledore…-decía Liuva.
–Algo más poderoso que nosotros mismos…-decía Lepus, y se agacho. Se volvió a poner de pie, y tenia en sus manos una varita. Se veía liviana, pero tenia una serie de pelos azules, y brillaba mucho.-La varita de Rowena Ravenclaw… en esta varita se encierra todo el poder y toda la magia de tal maravillosa maga… esta varita, en un segundo puede matar miles de personas, y con esto lograremos llegar a la cumbre del Mundo Mágico… y hacer nuestro propio mundo…
–¿Nuestro?-pregunto Jacob.
–Mío y de los mortifagos… y por supuesto de mi señor y mi abuela… Será… exquisito… y creo que esta vez no hay nada que pueda evitarlo… y mucho menos el Heredero de Ravenclaw…
–Mátalo… mátalo ya-gritaba uno de los mortifagos. Habían al menos 10 mortifago rodeándolos, y con las varitas en alto. Los únicos niños que había eran ellos cuatro.
–Mátalo, hijo… si el esta vivo, el plan desfallece… tienes que deshacerte de el cuanto antes… mátalo ya.-decía la voz sombría de Lord Voldemort. Bellatrix empezaba a reírse, y a volar por toda la habitación.
–Eso haré…-dijo Lepus, y señalo a Lorcan con su varita.

Lorcan se volvió, y vio al espejo que le había indicado que en la tarima había algo. A Lorcan no le quedaba claro porque el espejo le indico donde estaba dicha varita, pero ahora mostraba algo aun mejor. Se veía a si mismo, pero tenia alguien al frente. Rowena Ravenclaw estaba protegiéndolo, y sonriéndole. Era extraño, ya que lo que más deseaba Locan en esos momentos era protección…

–Hazme lo que quieras… al fin y al cabo, no podrás hacerme nada…-decía Lorcan, sonriendo.
–Vamos a ver…-dijo Lepus.-Avada Kedavra-grito el niño de tan solo 11 años. Un rayo de luz verde salio de la varita de Rowena Ravenclaw, directo a Lorcan. Liuva lo miro con espanto, y empezó a llorar. Ara y Jacob empezaron a gritar, pero Lorcan solo sonreía. Antes de que el hechizo pegara en Lorcan, este ceso.
–Como cabe en tu cabeza que mi propia varita me iría a atacar… Soy el verdadero Heredero de Ravenclaw…-decía Lorcan, riendo, mientras que Lepus se le quedaba viendo con cara de asombro.
–Expelliarmus-sonó una voz de detrás de Lorcan, proveniente de la puerta de aquella habitación, y pego directamente a la mano de Lepus, y la varita salio volando. Todos los mortifagos estaban paralizados, y no sabían que ocurría.
–Accio varita de Rowena-grito Lorcan, y la varita salio volando, y se postro en las manos de Lorcan.

La batalla apenas empezaba.

Lorcan leyó y releyó dicho papel, que pasados unos segundos que Lorcan lo toco, se quemo por si solo. Aquel papel no podía mentir, y había estado destinado a ser de Lorcan. El, Heredero de Ravenclaw… era increíble. Sus amigos lo observaban, pero no entendían que pasaba. Aquello pudo ser un golpe duro, o una gran dicha para Lorcan Lovegood. En parte, el tenia la fuerza y tenía el futuro del mundo mágico (como lo había dicho Dormiteus), pero Lepus lo estaba buscando, y tendría que luchar, ya que esa noche muchos inocentes podrían morir si dicho Heredero no se presentaba.

–¿Qué… que pasa Lorcan?-Jacob rompió el silencio y la meditación de su amigo.
–Creo que hemos descubierto quien es el Heredero…-dijo Lorcan en voz baja.
–¿Cómo estas seguro, Lor?-le pregunto Ara. Ella observo el papel que meses antes había caído del cielo, y que antes estaba sellado.-Era lo que decía el papel, ¿cierto?-Lorcan asintió con la cabeza. Ara lo único que hizo fue abrazarlo.
–Tú sabes que nosotros estamos contigo, y no vas a luchar solo… pero hay que luchar…-le dijo Jacob.
–Ya se que hay que luchar… ¿Pero porque yo? ¿Por qué no Lysander, o mama? No entiendo…
–Mira, primero que todo, tenemos que apurarnos. Tú tienes nuestro destino en tus manos. Solo tú puedes parar a Lepus, que quizás ahora esta mas demente que nunca. Hay que luchar, y no lucharas solo ¿Me oíste?… Ahora, que seas tu… no es problema ahora, ni mucho menos alguna otra cosa… ahora el problema es que todos corremos peligro…
–Si, ya lo se… Hay que concentrarnos en un objetivo…-decía Lorcan, con aire de poder.
–Patearle el trasero a Lepus…-dijo Jacob, y Ara y Lorcan rieron, y salieron corriendo directo al Gran Salón.

Los tres chicos salieron corriendo, destrozando lo que se les metía en su camino, y atacando a cualquier persona que intentara pararlos. Corrían juntos, y tratando de hacerlo en silencio. Al llegar al tercer piso, Lorcan percibió una fuerza muy en el interior de su cuerpo, pero intento ignorarlo. No duraron ni 5 minutos en llegar al Gran Salón, que aun estaba repleto de gente. Muchos habían optado por acostarse en el suelo y dormir un rato, y otros habían decidido jugar duelos en una esquina del salón. Sus amigos estaban sentados muy cerca de la puerta, y varios ya tenían los ojos cerrados. Liuva, al verlos entrar, se puso de pie.

–¿Qué paso? ¿Por qué demoraron tanto?-preguntaba Liuva.
–Lorcan es el Heredero de Ravenclaw… lo decía en el papelito que cayo del suelo aquella tarde…-decía Ara, que seguía jadeando de lo cansada que estaba.
–No puede ser… Eso quiere decir que tenemos que luchar… debemos de ir inmediatamente a la Habitación de Rowena.-decía Liuva, que, aunque tenia sus dudas, no podía perder el tiempo en preguntarlas.
–El problema es que no sabemos donde esta la Habitación-decía Jacob, pero Lorcan lo interrumpió.
–Esta en el tercer piso… no estoy seguro del porque lo digo, pero siento que esta ahí… Debemos de actuar rápido.
–Debemos de tener un plan, y nuestro propio ejercito…-decía Liuva, pero los otros tres chicos se le quedaron viendo raro. Liuva se acerco al grupo que estaba sentado en el suelo conformado por los Weasley, los Potter, Rodmiro, Roddy y Arthur, Candy y Abraham, y otros que Lorcan no sabia quienes eran.-Necesitamos ayuda… Lorcan… creo que les sonara extraño y loco, pero Lor es el Heredero de Ravenclaw…-todos los que estaban en ese grupo quedaron impactados.-Se que es un poco descabellado señalarlo a el como el Heredero, pero es lo que pensamos.
–¿Cómo sabes que el es el Heredero de Rowena Ravenclaw?-pregunto James.
–No puedo asegurártelo, pero tenemos pistas que conllevan a que Lorcan es el Heredero, y no nos pueden fallar ahora. Tenemos que ir a la Habitación de Rowena, en el 3º piso del Castillo. Necesitamos ayuda de alguien.-decía Liuva, con una cara suplicante. Los chicos se quedaron pensando, y algunos no estaban muy seguros.
–¿Y porque creen que estamos en peligro? Lepus Lestrange ah estado ahí toda la noche-decía uno de los chicos que estaban ahí, llamado Emilio, señalando al rincón donde Emersoth y Lepus estaban. Lepus se veía tonto, y se caía a cada rato.
–¿Por qué crees que nos tienen acá encerrados? No es el hecho de que queramos hacer esto… es el hecho de que si no hacemos algo, puede que nos maten a todos. ¿Quién esta con nosotros?-preguntaba Liuva.
–Pero somos muy pocos, no creo que…-decía James, pero Lorcan se propuso a hablar.
–Somos pocos… y necesitamos varias personas. Necesitamos gente que proteja todo el 3º piso, que es a donde nos dirigimos. Necesitamos gente que entre conmigo a la Habitación, y necesitamos gente que busque personas que nos puedan ayudar.
–Yo te creo, Lorcan…-dijo Victoire, y le sonrió.-Creo que es muy loco lo que dices que eres el Heredero, pero igualmente creo que tenemos que protegernos a nosotros mismos…-dicho esto, varios Weasleys empezaron a darle la razón a Victoire, y fueron a llamar a sus amigos. Pasados unos 4 minutos, Lorcan estaba rodeado de al menos 50 personas.
–Increíble…-decía Jacob sin creerlo.-Son demasiados…
–Suficientes para intentar detener a Lepus…-decía Lorcan, con una sonrisa en su cara, mientras oía a Liuva y Ara gritando.
–Este grupo protegerá a la gente del Gran Salón.-decía Ara señalando a un pequeño grupo.-Este otro estará en el 2º piso, para intentar detener un poco a los asesinos…-señalaba otro grupo, donde estaban James, y varios de sus amigos.
–Ustedes…-decía Liuva, señalando a una gran mayoría.-estarán en todo el 3º pasillo protegiendo.-y luego se dirigió en general-El que no quiera hacerlo, no lo haga, ya que no es su obligación. El que tenga las agallas para defender al Colegio, a nosotros mismos, y al mundo mágico, ira con nosotros cuando Lorcan lo indique…-mucha gente asintió con la cabeza, y muchos estaban emocionados.
–Esperamos tu orden, Lorcan…-le dijo a Ara.-Jacob, Liuva, yo, y otros chicos entraremos contigo a la Habitación. Esperamos que todo salga bien…
–Todo saldrá bien…

En eso, todo el Castillo se quedo en silencio. Un trueno sonó del exterior del Colegio, y algo atemorizo a todos: un estruendo, una explosión. Todo el lugar se empezó a mover, mientras que el sonido de la explosión se intensificaba. Era como un temblor. Muchos gritos se oían, y la gente se alteraba.

–ES LA HORA-grito Lorcan, y todos asintieron. El pequeño grupo encargado del Gran Salón petrifico a todos los prefectos, y acorralaron a todos en el fondo del Gran Salón. Lorcan se volvió, y vio que donde antes estaba Lepus había mucho polvo, y Emersoth estaba petrificado.

Una revuelta de alumnos salio corriendo por todos los corredores, que estaban llenos de polvo, y suciedad. Todos seguían a Lorcan, y a su grupo de amigos. Iban corriendo, y subiendo escaleras. Cuando iban por el segundo piso, el grupo de amigos de James se quedaron ahí, y empezaron a preparar sus varitas. Inmediatamente, Lorcan empezó a sentir una gran excitación al empezar a subir las escaleras que daban al tercer piso. Ya estando en el 3º piso, el otro grupo de al menos 25 personas se quedaron rondando esos lugares. Lorcan, Ara, Liuva, Jacob, Albus y Rodmiro se encaminaron al Salón de los Retratos. Lorcan entro en aquel lugar, y prendió la luz.

–Amigo Lovegood… nunca pensamos que ibas a volver…-empezaba a hablar el cuadro de Merlin.
–¿Qué fue el estruendo que se sintió por estos lugares, señor Lorcan?-preguntaba Merwyn, mientras que el loco Uric empezaba a reírse.
–¿Quiénes son vuestros amigos?-preguntaba Mopsus.
–No hay tiempo de responder nada de eso. Necesito a Cliodna.-decía Lorcan, tratando de calmar sus ansias.
–Para que me necesitas, joven Lorcan-preguntaba el retrato de Cliodna.
–Tu estuviste en la Habitación de Rowena, ¿cierto?-le preguntaba Lorcan.
–Claro, eso es cierto. ¿Por qué lo preguntas?
–Necesito que me digas donde esta esa Habitación.
–No puedo decirte con exactitud donde esta.-decía Cliodna, y a Lorcan se le bajaban los ánimos.-Pero… si me llevas, quizás pueda refrescar mi memoria.-le sonrió aquel retrato, y Lorcan se emociono.
–No es esta… wow este Castillo si ha cambiado… ¡Cuidado me botan!-gritaba el retrato, que estaba siendo cargado por Albus y Jacob. Varios alumnos estaban por el área protegiendo, y uno se le acerco a Lorcan.
–Están en el Primer piso…no se que son, ni como son, pero vienen para acá. Me mandaron a decir esto del segundo piso.
–Muchísimas gracias, chico. Debemos de apurarnos. Ya vienen para acá.-Lorcan se quedo cayado, y varios gritos provenientes del segundo piso empezaron a sonar.
–Es esta…-dijo Cliodna, y señalo una de las últimas puertas. Lorcan se quedo con la boca abierta. Ya había estado ahí. El armario donde encontró la Caja de Cristal. Pero el no había visto nada fuera de lo común…
–Entremos…-Lorcan se apresuro a abrir la puerta. Todo seguía como estaba antes. Varios trapeadores, donde había estado la caja de cristal, y aquel animalucho marcado en la pared, que parecía un búho…-¿o un águila?-pensó en voz alta.
–¿Esta es? Que habitación más… sombría…-decía Jacob.
–No seas tonto… debe de estar ocultada… y solo el Heredero de Ravenclaw podrá abrirla…-mas estruendos sonaban del segundo piso, mientras que Ara hablaba.
–Aquí estoy… soy el Heredero de Ravenclaw… soy Lorcan Lovegood… ábrete…-Lorcan decía lo que fuera, pero no pasaba nada. Se acerco al -¿águila?- pintado en la pared, y lo toco. Nada paso.
–Intenta tocarlo, diciendo algo de que tú eres su heredero…-decía Liuva, y Lorcan lo intento. Puso su mano en el dibujo, y dijo “Soy el Heredero de Ravenclaw”, y quito la mano. Toda la habitación empezó a pintarse de un azul cielo, y varias descripciones empezaban a aparecer a lo largo de la pared. Una escalera empezó a salir del costado de aquel armario, y una plataforma se formo, dando paso a una puerta dorada.
–Excelente…-dijo Lorcan, y empezó a subir las escaleras. Sus otros amigos empezaron a subirla con el, y el cuadro de Cliodna se quedo abajo.

Las escaleras parecían de la época medieval. Eran muy relucientes, y estaban impecables y limpias. Las imágenes que se habían pintado en la pared posiblemente pertenecían a Rowena Ravenclaw. Parecían como auto-retratos de los 4 Fundadores, aunque en una forma abstracta. Lorcan estaba sorprendido: en realidad era el Heredero de Ravenclaw. Albus y Rodmiro se quedaron abajo cuidando que no entraran a aquel lugar. Al llegar a la puerta principal, que era dorada reluciente, Lorcan no pudo contener la felicidad. Extendió su mano hacia el pomo de la puerta, y lo abrió lentamente. Al entrar, una felicidad grande invadió el cuerpo de el, y de sus amigos.

Era una habitación enorme. Era azul, y por todo lado había luz, aunque estuviera envuelto en oscuridad. En las paredes daba el reflejo de todos los azulejos azules de distintos tonos. En un costado había una cama, y en el suelo había una serie de botellas sin corchos. La cama estaba desordenada, y había un liquido rojo reluciente en el suelo, y varios vidrios quebrados, seña de una batalla. En el fondo había un tipo de tarima muy alta, y unas escaleras a sus lados, todo decorado con azulejos. En el centro de la habitación había un espejo. Lorcan y sus amigos se acercaron al espejo, y todos ponían cara de asombro. Lorcan lo miro con detenimiento, y observo un cuerpo detrás de sus amigos. Se volvió, y no había nadie. Era Rowena Ravenclaw, muy sonriente, y señalando aquella tarima. Lorcan dejo de ver al espejo, y dirigió su mirada a la tarima. La Habitación de Rowena Ravenclaw estaba brillando, y era muy hermosa.

En seguida, un estruendo sonó cerca de ellos, y una voz ronca pero conocida empezó a hablar.

–Los tengo…

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